No hay nada como verla sonreír, esa fila de dientes blancos y las arruguillas que se le forman al lado de los ojos son capaces de transportarme en el tiempo.
Me quedaba y todavía me quedo embelesado mirándola, verla caminar alejándose y de pronto verla girar y sonreírme hace que de pronto viaje a una especie de paraíso en la tierra en la que sólo estamos los dos.
Y qué decir de esos ojos, de esa mirada pícara, de cuando el sol le da de refilón se convierten en un caramelo y en ellos brilla todo lo que siente. Para mi son como libros, puedo leer perfectamente cada sensación, por eso odio cuando en ellos se refleja rabia por lo que le toca vivir y por eso adoro cuando en ellos se refleja la alegría cuando todo va bien.
Sus peinados imposibles, esas obras de ingeniería capilar, esos cortes de pelo, esos tintes...
Su vitalidad, su no rendirse jamás, su amor incondicional...
Si me lo pidiese daría la vuelta al mundo haciendo el pino con tal de ir a su lado.
Así que dime, ¿a dónde vamos?
sábado, 27 de octubre de 2018
viernes, 13 de abril de 2018
El Beso
Hoy es el día del beso:
A mi me gustaría darte uno, sólo uno, pero que fuera de esos que tranquilizan, de esos que apetece dar porque calman todo lo que preocupa, de esos que apetece repetir y que luego llevan a tener un polvo. De esos que te acuerdas siempre.
A mi me gustaría darte uno, sólo uno, pero que fuera de esos que tranquilizan, de esos que apetece dar porque calman todo lo que preocupa, de esos que apetece repetir y que luego llevan a tener un polvo. De esos que te acuerdas siempre.
martes, 16 de enero de 2018
Fotografías
Todavía recuerdo cuando te conocí. Eras una sombra en mis ojos borrosos de cerveza. Pero te vi.
Estabas rodeada de gente a la que recuerdo vagamente, nombres que estarán sumergidos en alguna carpeta en los archivos de mi memoria, nombres sin cara, cuerpos anónimos.
Y de repente desapareciste, te subiste en aquel coche azul y todo se fundió a negro.
Pasó un día, luego otro, luego otro, y así semanas y meses.
Hasta que de pronto, cuando ya estaba acostumbrado de nuevo a esa neblina que produce el alcohol en mi vista, nos volvimos a encontrar.
Entré en el bar, mirando al suelo, como un robot, sin mirar a nadie y confiando en que mis pasos me llevasen al sitio al que siempre me siento, esperando que un tercio me estuviese esperando, frío y abierto.
Y me dijiste "Eh, cuánto tiempo, ¿te apetece venir a dar una vuelta?"
Una oleada de luz me cegó, y allí estabas tú, en el medio y medio de aquel halo. Sabes que soy completamente ateo, pero eso es lo más parecido a la imagen que se tiene cuando se te aparece un santo que me puedo imaginar.
Y entramos en tu coche, tenías esa sonrisa que recordaba, algún tatoo nuevo, y sé que me estabas contando la historia de su por qué, pero sólo podía mirarte mientras me mordía los labios, aguantando las ganas de besarte.
Llegamos a tu casa. Me empujaste contra el colchón y yo me dejé caer, viendo cómo te alejabas para luego saltar encima de mi, entre risas.
Estabas rodeada de gente a la que recuerdo vagamente, nombres que estarán sumergidos en alguna carpeta en los archivos de mi memoria, nombres sin cara, cuerpos anónimos.
Y de repente desapareciste, te subiste en aquel coche azul y todo se fundió a negro.
Pasó un día, luego otro, luego otro, y así semanas y meses.
Hasta que de pronto, cuando ya estaba acostumbrado de nuevo a esa neblina que produce el alcohol en mi vista, nos volvimos a encontrar.
Entré en el bar, mirando al suelo, como un robot, sin mirar a nadie y confiando en que mis pasos me llevasen al sitio al que siempre me siento, esperando que un tercio me estuviese esperando, frío y abierto.
Y me dijiste "Eh, cuánto tiempo, ¿te apetece venir a dar una vuelta?"
Una oleada de luz me cegó, y allí estabas tú, en el medio y medio de aquel halo. Sabes que soy completamente ateo, pero eso es lo más parecido a la imagen que se tiene cuando se te aparece un santo que me puedo imaginar.
Y entramos en tu coche, tenías esa sonrisa que recordaba, algún tatoo nuevo, y sé que me estabas contando la historia de su por qué, pero sólo podía mirarte mientras me mordía los labios, aguantando las ganas de besarte.
Llegamos a tu casa. Me empujaste contra el colchón y yo me dejé caer, viendo cómo te alejabas para luego saltar encima de mi, entre risas.
Todavía recuerdo cuando te conocí. Eras aquel chico del fondo de la barra, el que siempre me hacía reír con sus ocurrencias. El de la mirada profunda y la sonrisa perpetua.
El que luego dejaba todo por venir a cantar conmigo haciendo el salvaje por aquellas carreteras dejadas de la mano de dios, sólo por el mero hecho de estar juntos.
Y sé que te rompí el corazón el día que decidí irme, pero no podía hacer otra cosa.
Y ahora al volver, sigues ahí, con esa sonrisa que tanto me sigue gustando.
Y no, esta vez no te voy a dejar escapar.
Así que volvamos a cantar nuestras canciones a voz en grito y a toda leche por la calle mientras te cuento mis aventuras todo este tiempo.
Volvamos a esa cama a la que me gusta empujarte y luego saltar encima de ti, mientras te muerdo el cuello y nos olvidamos de todo entre risas.
Convirtámonos en una fotografía y que este momento no se acabe.
Y sé que te rompí el corazón el día que decidí irme, pero no podía hacer otra cosa.
Y ahora al volver, sigues ahí, con esa sonrisa que tanto me sigue gustando.
Y no, esta vez no te voy a dejar escapar.
Así que volvamos a cantar nuestras canciones a voz en grito y a toda leche por la calle mientras te cuento mis aventuras todo este tiempo.
Volvamos a esa cama a la que me gusta empujarte y luego saltar encima de ti, mientras te muerdo el cuello y nos olvidamos de todo entre risas.
Convirtámonos en una fotografía y que este momento no se acabe.
miércoles, 13 de diciembre de 2017
Mi Nueva Habitación
Hay una punto negro en el techo de la sala.
Lo sé porque no puedo dejar de mirarlo.
Si lo miro un rato más, seguramente acabaré encontrando algún parecido con algo que te lo pudiese describir.
Es de noche, y de nuevo las voces entran en mi cabeza.
Dicen: "Hoy tampoco vas a dormir, Karlos." Y se ríen.
Sé que tienen razón y me da miedo.
Sabes que siempre tienen razón.
Me incorporo en el sofá y la cabeza empieza a dar vueltas.
Vértigo de no saber si voy a volver a recuperar la cordura.
Pero creo que no estoy loco.
Como mucho algo cansado y sin saber de ti.
En el fondo eres como una inyección para mi ánimo.
Diez minutos contigo y tengo para diez días de paz mental.
¿Recuerdas cuando todo era felicidad?
¿Cuando éramos los reyes del juego?
Cada vez veo esos recuerdos más borrosos.
Niebla. Eso es lo que hay enfrente de aquella foto gastada en la que los dos salimos sonriendo.
Y al salir a la calle vuelvo a cantar en voz alta muchas de nuestras canciones, mientras veo una serpiente multicolor formada por coches que pasan a mi lado, casi rozándome.
"¡Apártate, gilipollas!""¿Qué le pasará a ese tío?"
Los oigo aunque no conteste.
Y sé que algo pasa, aunque no soy capaz de definirlo.
¿Y si en realidad, la falta de sueño, todos los problemas que aparecen y desaparecen, esas luchas internas entre lo que quiero y lo que tengo, han conseguido volverme loco del todo?
¿Volverías para intentar salvarme o dejarías que me llevasen a esa habitación acolchada?
Lo sé porque no puedo dejar de mirarlo.
Si lo miro un rato más, seguramente acabaré encontrando algún parecido con algo que te lo pudiese describir.
Es de noche, y de nuevo las voces entran en mi cabeza.
Dicen: "Hoy tampoco vas a dormir, Karlos." Y se ríen.
Sé que tienen razón y me da miedo.
Sabes que siempre tienen razón.
Me incorporo en el sofá y la cabeza empieza a dar vueltas.
Vértigo de no saber si voy a volver a recuperar la cordura.
Pero creo que no estoy loco.
Como mucho algo cansado y sin saber de ti.
En el fondo eres como una inyección para mi ánimo.
Diez minutos contigo y tengo para diez días de paz mental.
¿Recuerdas cuando todo era felicidad?
¿Cuando éramos los reyes del juego?
Cada vez veo esos recuerdos más borrosos.
Niebla. Eso es lo que hay enfrente de aquella foto gastada en la que los dos salimos sonriendo.
Y al salir a la calle vuelvo a cantar en voz alta muchas de nuestras canciones, mientras veo una serpiente multicolor formada por coches que pasan a mi lado, casi rozándome.
"¡Apártate, gilipollas!""¿Qué le pasará a ese tío?"
Los oigo aunque no conteste.
Y sé que algo pasa, aunque no soy capaz de definirlo.
¿Y si en realidad, la falta de sueño, todos los problemas que aparecen y desaparecen, esas luchas internas entre lo que quiero y lo que tengo, han conseguido volverme loco del todo?
¿Volverías para intentar salvarme o dejarías que me llevasen a esa habitación acolchada?
sábado, 18 de noviembre de 2017
Mad About You
Se levantó, miró a su alrededor, tragó saliva y empezó a hablar:
<< -Casi, casi puedo recordar el día que la conocí. Si no me equivoco llovía, aunque eso no es raro por estas latitudes- esbozó una sonrisa- La verdad, para ser sinceros, no me llamó mucho la atención. Era callada, reservada, se sentaba en una esquina del bar, y allí se quedaba, con su café, su libreta, sus lápices, perdida en su mundo. Era una incógnita, y a mi sabéis que me vuelven loco las incógnitas, por lo que un día decidí acercarme. De lo que me acuerdo como si fuese ahora mismo fue de su primera mirada. Levantó la cabeza de su libreta y, expectante, como si intentase desentrañar los misterios del universo, me miró. Fue como si me disparase, y eso que todavía no había abierto la boca. Luego sonrió y me saludó, invitándome a sentarme.
Estuvimos hablando un montón de tiempo aquel día.
Y el siguiente.
Y el siguiente.
Y así hasta que ya pasó tanto tiempo que me era literalmente imposible vivir sin ella.
Estar a su lado era como una especie de droga.
Si no la veía, estaba con los nervios de punta.
Irritado.
No dormía.
No comía.
No descansaba.
Pero sólo oír su voz o verla aparecer... Buff, no sabéis lo que eso era para mi: Si era de noche, se hacía de día. Si hacía frío, volvía a entrar en calor. Si estaba nervioso, hacía que una especie de nebulosa tranquila me invadiese y pintase una sonrisa en mi cara, como un auténtico idiota.
Me compré un coche, una casa, monté un negocio... Todo para tenerla contenta. Y ella lo estaba. Era feliz dibujando. Y muy buena. Gracias a su talento había conseguido ya exponer en varias galerías. Era el nuevo último grito de la pintura española.
Y entonces desapareció.
Me dejó.
Se fue a Madrid.
Abandonó todo lo que le quedaba aquí.
Y lo entendí. (Siempre fui de los que pensaba que es mejor jugártela y perder a saber que tienes una mano ganadora y quedarte en casa, pasando de arriesgarte, pero sabiendo que si lo hubieses hecho, ganarías, ya que llevabas una mano perfecta.) Por eso no me quejé. La dejé irse, Dejé que el telón cayese mientras yo hacía un mutis lo más dignamente que podía.
Pero una noche, a eso de las tres de la mañana, me llamó. No me enteré muy bien sobre qué me hablaba. Creo que estaba borracha, estaba llorando, pero saqué en claro que me necesitaba allí, que algo gordo había pasado y quería que yo, precisamente yo- dijo lamentándose- estuviese allí con ella.
No dudé un instante. Me puse unos tenis, una sudadera, metí en mi mochila un par de piezas de ropa, y, prácticamente a saltos, bajé las escaleras y entré en el coche.
Tardé seis horas en llegar a la capital. Lo raro es que en ningún momento me planteé que quizá no era la mejor idea ayudarla.
No, no podía. Era el amor de mi vida y me pedía ayuda. Mi deber era estar ahí. Fuese lo que fuese.
Al llegar a su piso, un loft en la Castellana, en el que tenía varios lienzos en los que estaba trabajando, la ví. Lloraba cuando me abrió la puerta. "¿Qué ha pasado?", pregunté. "Llegó, me pegó" hipó de los nervios, apartándose el pelo de la cara, dejando ver una cicatriz bajo su ojo izquierdo, "y se ha ido..." La miré. No sabía, aunque me lo imaginaba, qué es lo que quería que hiciese. "¿Qué es lo que quieres que haga? Porque sabes que lo haré, sin dudarlo."
"Mátalo". Su voz sonó seca, dura, imperativa.
Me enseñó una foto, me dio la dirección de aquel tío y me consiguió una pistola. Ella sabía que había manejado armas porque durante unos años estuve en el ejército.
"Mátalo". Su voz retumbaba en mi cabeza. Una y otra vez, una y otra vez.
Y lo hice. Simplemente llegué a su casa, disparé sobre el pomo de la puerta, entré y cuando lo vi, sorprendido al ver a un extraño apuntándole con un arma, le descerrajé tres tiros: uno entre los ojos y otros dos al corazón.
Y por eso es por lo que ahora estoy aquí, en esta mierda de terapia de grupo en la cárcel...>>
- Doctor, el paciente lleva dos horas repitiendo eso constantemente, ¿qué hacemos?
- Sédenlo. No podemos hacer nada más por él- dijo firmando el diagnóstico- Voy a hablar con su mujer.
Salió del despacho y se dirigió a la sala de espera, en la que una mujer joven, de ojos verdes, a los que las lágrimas estaban inundando, esperaba la respuesta del médico.
-¿Cómo está?- preguntó angustiada.
- Sigue igual. Cuenta lo mismo que aquel día que lo trajo...- dijo sacándose las gafas- Parecía que estaba mejor, por eso la llamamos... Pero me he equivocado, lo siento, señorita...
Ella se disculpó y corrió fuera de aquel psiquiátrico a las afueras de Ferrol. Su chico, su querido novio, amigo, alma gemela, se había vuelto loco un día escribiendo su historia y ni ella ni nadie iban a ser capaces de traerlo de vuelta.
miércoles, 1 de noviembre de 2017
Pesadillas
Por fin he muerto, pero no creas que eso te va a librar.
Esas pequeñas trampas que me ibas dejando en el camino han logrado su cometido, ese empujón al borde del abismo...
Jugar a tu juego, interpretar el personaje que habías creado para mi, eso fue lo más idiota que pude haber hecho, sólo fue para tu diversión...
Pero no, no ha sido un crimen perfecto, así que aprovecha y disfruta de estos momentos previos y sigue vendiendo la moto esa que dice que me echas de menos y que estás fatal por mi ausencia.
Ahora mi cerebro, al no tener que estar pendiente del cuerpo en el que estaba se ha convertido en un arma, soy más fuerte. Ahora floto por el mundo, cualquier sitio es mi campo de combate y oh, la venganza es un plato dulce que se sirve frío...
Te di las llaves de mi corazón, las tiraste en una caja, que supongo que habrás olvidado dónde está. y dejaste que se fuera descomponiendo.
Pero la vida sigue, cielo, y para mi ahora es eterna, y tú deberías ir cogiendo un diccionario y buscar en él la palabra karma, y yo estaré muerto, pero ya verás la que te espera...
Nunca confié en nadie excepto en ti y tú ni siquiera eso, así que prepárate porque a partir de ahora voy a ser protagonista en todas tus pesadillas...
Esas pequeñas trampas que me ibas dejando en el camino han logrado su cometido, ese empujón al borde del abismo...
Jugar a tu juego, interpretar el personaje que habías creado para mi, eso fue lo más idiota que pude haber hecho, sólo fue para tu diversión...
Pero no, no ha sido un crimen perfecto, así que aprovecha y disfruta de estos momentos previos y sigue vendiendo la moto esa que dice que me echas de menos y que estás fatal por mi ausencia.
Ahora mi cerebro, al no tener que estar pendiente del cuerpo en el que estaba se ha convertido en un arma, soy más fuerte. Ahora floto por el mundo, cualquier sitio es mi campo de combate y oh, la venganza es un plato dulce que se sirve frío...
Te di las llaves de mi corazón, las tiraste en una caja, que supongo que habrás olvidado dónde está. y dejaste que se fuera descomponiendo.
Pero la vida sigue, cielo, y para mi ahora es eterna, y tú deberías ir cogiendo un diccionario y buscar en él la palabra karma, y yo estaré muerto, pero ya verás la que te espera...
Nunca confié en nadie excepto en ti y tú ni siquiera eso, así que prepárate porque a partir de ahora voy a ser protagonista en todas tus pesadillas...
domingo, 1 de octubre de 2017
No Ver. No Oír. No Decir.
"Apoyó la mano izquierda al lado del espejo del cuarto de baño, dándole un pequeño golpe.
La cabeza le daba vueltas mientras intentaba volver a tener un uso normal.
Le ardía la garganta, y, tras toser un poco, el olor a cerveza subió hasta su nariz, provocándole una arcada.
Levantó la mirada y se vio: la barba de tres días, el pelo cayendo a chorretones tapándole los ojos.
"¡Joder!"- abrió la maneta del agua fría y se mojó la cara- "¿Dónde coño estás, tío? No eres ni la sombra de lo que fuiste..."
Tenía que volver a coger las riendas de su vida.
Todo, de pronto, se había desvanecido.
Pluff. Humo. Y nada. Ni explicaciones. Ni respuestas. Nada.
Estaba asustado. Su gran castillo, montado hace años, se había derrumbado apenas de un soplido.
Y ahora estaba allí. En un cuarto de baño.
"¿Esto es estar vivo, de veras?"
Una lágrima quemó su cara al bajar. Las lágrimas siempre queman. Queman por lo que cuesta sacarlas de dentro. Queman cuando caen. Queman cuando uno se da cuenta de por qué.
¿Dónde estaría ella?
¿Había existido realmente?
Ya ni siquiera recordaba su cara.
Cada vez tenía más claro que todo sólo había ocurrido en su cabeza, que había sido un sueño. Uno muy vívido. Uno de esos que no sabes cuándo estás despierto y cuándo no. Y ese sueño ahora se había convertido en una pesadilla y todo lo que notaba a su alrededor eran fantasmas, apariciones, sombras en los espejos.
Por un momento, el espejo le devolvió su cara pero como hacía tiempo que no la veía. Con una sonrisa.
Y de pronto, pluff. Humo. Nada.
Mar. Meterse en el mar. Dejarse hundir. Que el agua relajase su cuerpo. No ver nada. No escuchar nada. No decir nada.
Sentir como, segundo a segundo, su cuerpo se iba..."
- Súbele los calmantes, le ha vuelto a dar otra crisis...- le dijo la doctora a la enfermera mientras las dos salían de la habitación- ¿A qué hora sales hoy?
La cabeza le daba vueltas mientras intentaba volver a tener un uso normal.
Le ardía la garganta, y, tras toser un poco, el olor a cerveza subió hasta su nariz, provocándole una arcada.
Levantó la mirada y se vio: la barba de tres días, el pelo cayendo a chorretones tapándole los ojos.
"¡Joder!"- abrió la maneta del agua fría y se mojó la cara- "¿Dónde coño estás, tío? No eres ni la sombra de lo que fuiste..."
Tenía que volver a coger las riendas de su vida.
Todo, de pronto, se había desvanecido.
Pluff. Humo. Y nada. Ni explicaciones. Ni respuestas. Nada.
Estaba asustado. Su gran castillo, montado hace años, se había derrumbado apenas de un soplido.
Y ahora estaba allí. En un cuarto de baño.
"¿Esto es estar vivo, de veras?"
Una lágrima quemó su cara al bajar. Las lágrimas siempre queman. Queman por lo que cuesta sacarlas de dentro. Queman cuando caen. Queman cuando uno se da cuenta de por qué.
¿Dónde estaría ella?
¿Había existido realmente?
Ya ni siquiera recordaba su cara.
Cada vez tenía más claro que todo sólo había ocurrido en su cabeza, que había sido un sueño. Uno muy vívido. Uno de esos que no sabes cuándo estás despierto y cuándo no. Y ese sueño ahora se había convertido en una pesadilla y todo lo que notaba a su alrededor eran fantasmas, apariciones, sombras en los espejos.
Por un momento, el espejo le devolvió su cara pero como hacía tiempo que no la veía. Con una sonrisa.
Y de pronto, pluff. Humo. Nada.
Mar. Meterse en el mar. Dejarse hundir. Que el agua relajase su cuerpo. No ver nada. No escuchar nada. No decir nada.
Sentir como, segundo a segundo, su cuerpo se iba..."
- Súbele los calmantes, le ha vuelto a dar otra crisis...- le dijo la doctora a la enfermera mientras las dos salían de la habitación- ¿A qué hora sales hoy?
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