- Estaba apoyado en el capó del coche, abrigado como un esquimal mientras me fumaba un cigarro a pie de playa.
Es una manera de relajarme cuando los problemas me agobian: Pillar, irme a un sitio en el que sepa positivamente que no hay nadie y allí poner la música muy alta y fumar tranquilamente. En serio, es muy recomendable. Ves el sol, que siempre apacigua los ánimos, notas el frío procedente del mar, que espabila las buenas ideas y disfrutas del sonido envolvente de las canciones que suenan por los altavoces.
Pero el problema no se iba. Seguía allí. Clavado.
"Unos alicates", recuerdo que pensé, "unos alicates me vendrían ahora mismo de perlas". Sonreí fantaseando con la imagen de la dueña de mis desvelos siendo sacada de mi cabeza por un carpintero con un buzo azul diciendo: "No sé quién le habrá puesto eso ahí, pero menuda chapuza, amigo" mientras escupe al suelo.
La rabia empezó a subirme a toda velocidad a la cabeza e imaginé (como véis, soy muy dado a montar peliculas) a un par de personas a las que no les acabo de tener mucha devoción ni cariño, retorciéndose y rogando perdón, y, cuando quise darme cuenta, el pitillo estaba ya en el suelo y yo estaba acelerando saliendo del párking de la playa.
"Tranquilo", me dije, "sólo concéntrate en la carretera", intentaba decirme en voz alta, mientras mi mente unía los puntos necesarios para llevar a cabo mi plan: Cajero. Campamento. Pistola. Cajero. Campamento. Pistola. Cajero. Campamento. Pistola.
Aceleré y tomé dos curvas seguidas como si de un tramo de rally se tratase. No tenía miedo, ni siquiera cuando pasé rozando a otro coche, al que dejé pitándome atrás en apenas unos segundos.
"Moriría por ti". Eso se lo había dicho al poco de conocerla. Y sí, sé que suena a frase hecha de aquí a la Conchinchina, pero en mi caso era real. Era la número uno en mi lista de gente por la que me tiraría delante de un camión o haría el Casillas ante una bala. Ella, y quizá un par de personas más.
Pero esta vez no sería el que se pone delante de la bala, si no el que está detrás, apuntando.
Me bajé del coche, y tras un par de llamadas tenía la pistola en la mano. "Nada de nombres, nunca ha pasado esto, lo que pasa en el campamento, se queda en el campamento".
Pagué y me fui acelerando de nuevo.
"Sólo concéntrate en la carretera", volví a repetirme.
Le iba a meter una bala en la cabeza a una persona.
Sabía que esa persona se iba a morir al momento.
Sabía que se iba a morir sin saber por qué, aunque se lo oliese.
Sabía que yo iba a pasar unos quince años muy fresquitos en una celda de dos por dos.
Y me daba igual.
Pero, ¿y ella? Ella se iba a quedar completamente sola.
"Bah, es dura", pensé, "Saldrá adelante sin mi, sin este y sin nadie, puede con todo"
"Sí", me contesté, sintiéndome Gollum por un momento, "Pero no es lo mismo ver cómo dos personas que han formado parte de tu vida en diversos momentos, PUM, de golpe y porrazo, desaparecen"
No pude hacer otra cosa que darme la razón (que además es una de las cosas que más me gusta).
Pero ya tenía la pistola. Tenía la adrenalina a máximo nivel y estaba llegando a la puerta de la fábrica en la que aquel bastardo trabajaba. De hecho lo estaba viendo, apoyado en la pared, riéndose con sus compañeros de algo que estaban contando.
"Frena", volví a oír mi voz, que sonó autoritaria, "es muy fácil tomar la decisión de quitar a este rastrojo de en medio, ¿te has planteado que tu novia a lo mejor lo que necesita es que la apoyes en esto? No que le soluciones el problema, y menos de esta manera, si no que te comas la mierda orgullo ese que tienes y estés al pie del cañón?"
"¡¡EHH!! Un poquito de relax con la manera de decir las cosas"
"No, tío, no, piensa en ella, tú mismo dijiste antes que es dura, pero la conoces, sabes que no aguantaría ese palo, ¿su novio en la cárcel y el hijo de puta de su ex muerto? Venga, es carne de psiquiátrico, o de hacer puenting sin red, y si yo lo sé, tú también, que para algo somos la misma persona".
Tenía razón.
A veces tomar la solución fácil de acabar con la rabia matando al perro no es la mejor.
-¿Y esa es la explicación que usted me da para tener un arma en el asiento del copiloto?- dijo el guardia civil, sorprendido por lo que acababa de escuchar.
martes, 24 de enero de 2017
viernes, 30 de diciembre de 2016
Como cuando...
Al pasar por la carretera de vuelta a casa, siempre se me gira el cuello hacia la zona aquella en la que vivías.
(Sí, lo sé, es algo peligroso. La mirada siempre fija en la carretera y las manos agarradas al volante. Nada de distracciones.)
Siempre, es una manía, miro hacia aquel edificio.
Y me pregunto si seguirás allí.
¿Cuántos años han pasado: ocho, nueve, puede que más, verdad? Porque hace unos siete que yo me fui.
Me tuve que ir, esta ciudad agobiaba, siempre decías que era muy pequeña para cualquiera de los dos. El límite era el cielo, ¿recuerdas?
Y ahora al volver, ver tu calle, tu casa, te echo de menos.
Como cuando vives fuera y añoras el mar.
Como cuando creces y añoras la ilusión de la Navidad.
Como cuando nos queríamos y nos despedimos.
Un par de veces estuve en un tris de no contarla,
¿Sabes? Me he lanzado sin red a todo lo que creía que podía ser bueno, o por lo que tenía curiosidad. Recuerdo que siempre me decían, desde pequeñito, que no fuese tan rápido, que no quisiese llegar antes que los demás, que no fuese el primero en probar la profundidad del río.
Y ahora me vuelvo a ver aquí. Hasta juraría que te he visto en la ventana, fumando, con los brazos apoyados en el quicio, sonriéndome y a punto de preguntarme "qué horas son estas de llegar" a buscarte.
Pero no, no estás.
Quizás sean las horas de viaje o el ver de nuevo esas ventanas lo que hace que vuelvas a mi mente.
Y aparco. Y aprieto fuerte la mano contra el volante. Y me pregunto por qué ostias he vuelto. Pero sé la respuesta. Como siempre, he vuelto por ti. Ni todos estos años han conseguido que te evapores de mi recuerdo.
Y lo mejor es que ni tú estás. Ni yo llegué a irme del todo de aquí.
(Sí, lo sé, es algo peligroso. La mirada siempre fija en la carretera y las manos agarradas al volante. Nada de distracciones.)
Siempre, es una manía, miro hacia aquel edificio.
Y me pregunto si seguirás allí.
¿Cuántos años han pasado: ocho, nueve, puede que más, verdad? Porque hace unos siete que yo me fui.
Me tuve que ir, esta ciudad agobiaba, siempre decías que era muy pequeña para cualquiera de los dos. El límite era el cielo, ¿recuerdas?
Y ahora al volver, ver tu calle, tu casa, te echo de menos.
Como cuando vives fuera y añoras el mar.
Como cuando creces y añoras la ilusión de la Navidad.
Como cuando nos queríamos y nos despedimos.
Un par de veces estuve en un tris de no contarla,
¿Sabes? Me he lanzado sin red a todo lo que creía que podía ser bueno, o por lo que tenía curiosidad. Recuerdo que siempre me decían, desde pequeñito, que no fuese tan rápido, que no quisiese llegar antes que los demás, que no fuese el primero en probar la profundidad del río.
Y ahora me vuelvo a ver aquí. Hasta juraría que te he visto en la ventana, fumando, con los brazos apoyados en el quicio, sonriéndome y a punto de preguntarme "qué horas son estas de llegar" a buscarte.
Pero no, no estás.
Quizás sean las horas de viaje o el ver de nuevo esas ventanas lo que hace que vuelvas a mi mente.
Y aparco. Y aprieto fuerte la mano contra el volante. Y me pregunto por qué ostias he vuelto. Pero sé la respuesta. Como siempre, he vuelto por ti. Ni todos estos años han conseguido que te evapores de mi recuerdo.
Y lo mejor es que ni tú estás. Ni yo llegué a irme del todo de aquí.
miércoles, 21 de diciembre de 2016
¿Otra vez, Doctora?
Llegó y se encontró a aquel chico, solo, sentado en una mesa, colocando cartas en un completo azar en un tapete mohoso y roído y se acercó a él.
- Soy la doctora López. Eres Karlos, ¿verdad?
Él levantó la vista y sonrió casi imperceptiblemente con la parte izquierda de su labio mientras asentía, tirando otra carta encima de aquel montón.
- Estoy aquí para ayudarte, ¿te tratan bien, estás contento con tus compañeros?
- Sí, doctora, aquí todos hemos cojeado alguna vez. Sólo hay que fijarse en cuál es el pie problemático de cada uno.- seguía sin levantar la cabeza del mazo, mientras una tras otra las cartas seguían cayendo.- Pero eso usted lo sabe bien, ¿verdad?
Tragó saliva, intentando aparentar una tranquilidad que en ese momento se iba escapando a demasiada velocidad, mientras se colocaba el pelo detrás de la oreja y leía el informe de su nuevo paciente:
"Karlos Goday, 34 años, ingresado tras un brote psicótico. Había intentado quemar un edificio entero una mañana sin que, tras investigaciones sobre su pasado, mediase ninguna acción en su contra".
Lo miró. Era bajito, no llegaba al 1´65. Debilucho. Delgado. Pero algo la hizo desconfiar. Quizá sería esa mirada, o la forma de sonreír. Algo estaba claro que iba mal en el cerebro de aquel chico que tenía delante.
- Sólo llevas una semana aquí, y por orden judicial. ¿Crees que es dónde deberías estar?
- Claro que es dónde debo estar. Intenté quemar un edificio con toda la gente dentro- dijo en tono jovial, mientras recogía las cartas y las barajaba.- Me pregunto por qué le extraña tanto...- clavó sus ojos en ella.
- No tenías antecedentes penales anteriores, ni arrebatos de ira, ni medicación que pudiese provocar esos brotes. Los informes dicen que jamás ni con tu familia ni con tu grupo de amigos habías estallado de manera violenta. Me han asignado tu caso y llevo unos días estudiándolo a fondo. Quiero comprender por qué lo has hecho. Aquí nunca has dado un problema. Tomas tu medicación, haces la tareas que te encomiendan, incluso tienes una buena relación con otros pacientes de este ala. No alcanzo a entender qué fue lo que te pasó por la cabeza para hacerlo.
- Es simple, doctora López. ¿Ve a Santiago, el que está sentado viendo la tele? Triple asesinato. Su mujer y sus dos hijos. ¿Alberto, el que está ayudando al celador a recoger el armario que se rompió esta mañana? Mató a su jefe y hasta ese momento era el empleado modelo. Y su mujer y la niña fuera.
Todos somos personas normales hasta que tenemos la oportunidad, doctora...- empezó de nuevo a colocar las cartas en el tapete- Hasta usted. Sólo hay que encontrar su aguja de marear.
- No, Karlos. Yo estudié la carrera y estoy aquí intentando ayudaros a todos vosotros.
- ¿Está segura?- sus ojos se volvieron a clavar fijos en ella- Mire a Alberto- la doctora giró hacia dónde el chico señalaba- Nómbrele a su mujer, pero por si acaso vaya pidiendo una inyección de calmantes antes. Cualquiera de nosotros somos el ejemplo perfecto de "el hombre es malo por naturaleza" como diría Hobbes. Una cerilla puesta cerca de la mecha y PUM, el petardo estalla. Parece mentira que usted no sepa que tomando un café en el Starbucks puede servirle el próximo Ted Bundy, o que aquella dependienta tan maja de H&M sea la nueva Charles Manson. Usted, como todos, también tiene una mecha. ¿Quién es Andrea, doctora?- sonrió mirándola.
- ¿Cómo conoces a Andrea?- preguntó asustada.
Un torbellino de imágenes aparecieron repentinamente y la marearon. Apretó dos dedos contra sus ojos, para intentar calmar un poco esa sensación de vértigo que le invadía y tras abrirlos de nuevo, todo había cambiado.
Un señor con bata blanca y barba estaba delante de ella.
- Clorpomazina para ésta, está teniendo un ataque...
Notó un pinchazo en el brazo y todo se hizo oscuro.
..
Horas después estaban en el comedor. Era el único momento en el que internos e internas podían estar juntos.
Un chico se sentó enfrente de ella, haciendo juegos de manos con un mazo de cartas.
- ¿Otra vez has sido doctora?
- Soy la doctora López. Eres Karlos, ¿verdad?
Él levantó la vista y sonrió casi imperceptiblemente con la parte izquierda de su labio mientras asentía, tirando otra carta encima de aquel montón.
- Estoy aquí para ayudarte, ¿te tratan bien, estás contento con tus compañeros?
- Sí, doctora, aquí todos hemos cojeado alguna vez. Sólo hay que fijarse en cuál es el pie problemático de cada uno.- seguía sin levantar la cabeza del mazo, mientras una tras otra las cartas seguían cayendo.- Pero eso usted lo sabe bien, ¿verdad?
Tragó saliva, intentando aparentar una tranquilidad que en ese momento se iba escapando a demasiada velocidad, mientras se colocaba el pelo detrás de la oreja y leía el informe de su nuevo paciente:
"Karlos Goday, 34 años, ingresado tras un brote psicótico. Había intentado quemar un edificio entero una mañana sin que, tras investigaciones sobre su pasado, mediase ninguna acción en su contra".
Lo miró. Era bajito, no llegaba al 1´65. Debilucho. Delgado. Pero algo la hizo desconfiar. Quizá sería esa mirada, o la forma de sonreír. Algo estaba claro que iba mal en el cerebro de aquel chico que tenía delante.
- Sólo llevas una semana aquí, y por orden judicial. ¿Crees que es dónde deberías estar?
- Claro que es dónde debo estar. Intenté quemar un edificio con toda la gente dentro- dijo en tono jovial, mientras recogía las cartas y las barajaba.- Me pregunto por qué le extraña tanto...- clavó sus ojos en ella.
- No tenías antecedentes penales anteriores, ni arrebatos de ira, ni medicación que pudiese provocar esos brotes. Los informes dicen que jamás ni con tu familia ni con tu grupo de amigos habías estallado de manera violenta. Me han asignado tu caso y llevo unos días estudiándolo a fondo. Quiero comprender por qué lo has hecho. Aquí nunca has dado un problema. Tomas tu medicación, haces la tareas que te encomiendan, incluso tienes una buena relación con otros pacientes de este ala. No alcanzo a entender qué fue lo que te pasó por la cabeza para hacerlo.
- Es simple, doctora López. ¿Ve a Santiago, el que está sentado viendo la tele? Triple asesinato. Su mujer y sus dos hijos. ¿Alberto, el que está ayudando al celador a recoger el armario que se rompió esta mañana? Mató a su jefe y hasta ese momento era el empleado modelo. Y su mujer y la niña fuera.
Todos somos personas normales hasta que tenemos la oportunidad, doctora...- empezó de nuevo a colocar las cartas en el tapete- Hasta usted. Sólo hay que encontrar su aguja de marear.
- No, Karlos. Yo estudié la carrera y estoy aquí intentando ayudaros a todos vosotros.
- ¿Está segura?- sus ojos se volvieron a clavar fijos en ella- Mire a Alberto- la doctora giró hacia dónde el chico señalaba- Nómbrele a su mujer, pero por si acaso vaya pidiendo una inyección de calmantes antes. Cualquiera de nosotros somos el ejemplo perfecto de "el hombre es malo por naturaleza" como diría Hobbes. Una cerilla puesta cerca de la mecha y PUM, el petardo estalla. Parece mentira que usted no sepa que tomando un café en el Starbucks puede servirle el próximo Ted Bundy, o que aquella dependienta tan maja de H&M sea la nueva Charles Manson. Usted, como todos, también tiene una mecha. ¿Quién es Andrea, doctora?- sonrió mirándola.
- ¿Cómo conoces a Andrea?- preguntó asustada.
Un torbellino de imágenes aparecieron repentinamente y la marearon. Apretó dos dedos contra sus ojos, para intentar calmar un poco esa sensación de vértigo que le invadía y tras abrirlos de nuevo, todo había cambiado.
Un señor con bata blanca y barba estaba delante de ella.
- Clorpomazina para ésta, está teniendo un ataque...
Notó un pinchazo en el brazo y todo se hizo oscuro.
..
Horas después estaban en el comedor. Era el único momento en el que internos e internas podían estar juntos.
Un chico se sentó enfrente de ella, haciendo juegos de manos con un mazo de cartas.
- ¿Otra vez has sido doctora?
sábado, 15 de octubre de 2016
El Espejo
"No debí hacerlo", le dijo, "Eso de hundirme en un agujero que yo cavé y del que todavía tengo tierra en las uñas... Eso es bien, pero bien...", sonrió, "Pero sin malas decisiones, ¿cómo sabes cuáles son las buenas? Aunque con las mías se podría hacer un museo de los despropósitos en el que yo estaría en la puerta como el Maestro de Ceremonias de un circo dándoles la bienvenida a mi absurda vida a los visitantes", hizo una reverencia entre aspavientos, invitándola a entrar a una inexistente puerta circense, "¡Pasen y vean al inimitable hombre de las mil cagadas!", ella sonrió, "He sido la oveja descarriada, el chico del humor negro y los gustos raros, nada de lo que hacía estaba bien pero, y aquí viene el meollo de la cuestión, a mi me gustaba cómo era y lo que hacía, así que seguí adelante, aún sabiendo que esa manera de ser me iba a cerrar muuuuchas puertas, pero eh, mírame, aquí sigo y de una pieza" se señaló de arriba a abajo, "Por eso me revienta el alma el verte con esa cara, esa sonrisa pintada y ya no te quiero contar cuando te oigo definirte... Parece talmente que tengas una venda puesta en los ojos." Se tapó los suyos con las manos, "Pero mira" se los destapó, " ¡es fácil! Inténtalo", ella lo hizo entre risas, "¿Ves? Te lo dije... Y ahora dime, ¿no notas los colores de las cosas?" Asintió, "¿no ves que hay cosas más allá de tó lo negro que tú te empeñas en ver? Sólo te pido que mires atrás y veas lo que has logrado, ¿eso lo haría alguien que no vale? Si estoy seguro que la mitad de las veces tu cansancio se debe a las tres millones de vueltas que le das a la cabeza" se levantó y giró sobre si mismo, "mira, sólo tres vueltas y ya voy como los patos mareaos" ella soltó una carcajada, queda, pero carcajada al fin y al cabo "Sabes que no quiero que pases por lo mismo que pasé yo, así que respira hondo, levanta la cabeza, vamos a tomarnos un cubata a la salud de los envidiosos, y al que no le guste tiene dos problemas: el no gustarle, (que ya hay que ser malaje para que no te guste ver a la gente bien, también te digo)" guiñó un ojo, "y el vernos sonreír porque, colega, tengo el bolsillo lleno de billetes y tenemos todo el tiempo del mundo para nosotros... Y recuerda una cosa, anda, te lo pido por favor, sólo tienes que hacer feliz a una persona, a esa que te sonríe ahí" señaló un espejo que tenían a la izquierda, " y oye, yo conozco a esa tía y si te fías de mi criterio, esa niña es jodidamente perfecta"
sábado, 8 de octubre de 2016
Los Poemas Perdidos Sin Rima: Que La Fuerza Te Acompañe
Querida
Un día te diste cuenta de tu poder
Ese que te hace especial
Líneas y líneas caen a tu paso
A un gesto solamente
Flipante es verlo, de veras
Un caer de ojos, una sonrisa
Es para pillar palomitas durante el show
Rastros de babas masculinas marcan tu camino
Zascas se llevan tras tu indiferencia
Artes de seducción, las llamo yo
Tendrías que impartir clases, y lo sabes
En esa universidad tienes cátedra perpétua
Amigos, enemigos, rehenes casuales
Cualquiera cae en tus redes
Oh, princesa de una galaxia muy, muy lejana
Mientras tú sonríes pícara
Poderes poderosos en tu mano tienes
A dónde quieras los llevas
uÑa y carne se muerden los pobres al verte
Eres la heredera de la fuerza y que siempre te acompañe!!
Un día te diste cuenta de tu poder
Ese que te hace especial
Líneas y líneas caen a tu paso
A un gesto solamente
Flipante es verlo, de veras
Un caer de ojos, una sonrisa
Es para pillar palomitas durante el show
Rastros de babas masculinas marcan tu camino
Zascas se llevan tras tu indiferencia
Artes de seducción, las llamo yo
Tendrías que impartir clases, y lo sabes
En esa universidad tienes cátedra perpétua
Amigos, enemigos, rehenes casuales
Cualquiera cae en tus redes
Oh, princesa de una galaxia muy, muy lejana
Mientras tú sonríes pícara
Poderes poderosos en tu mano tienes
A dónde quieras los llevas
uÑa y carne se muerden los pobres al verte
Eres la heredera de la fuerza y que siempre te acompañe!!
martes, 4 de octubre de 2016
Los Poemas Perdidos Sin Rima: Siempre
Solo entiendo la vida de una manera
Incluyéndote a ti en ella
Es imposible no recordarte, no pensarte
Me resulta complicado olvidar tus ojos
Pretender no ver tu sonrisa
Revolverme en la lucha que tengo
Enfrentarme a la realidad de no verte
Seguir día a día sin verte
Intentando sonreír a gente que ni me importa
Ensayando poses que me hagan parecer humano
Manejando los tiempos para no caer al suelo
Pidiendo a cualquier dios un fin a esto
Rezando para que vuelvas
Elevando plegarias para verte, una vez más
Soñando con soñar contigo
Imaginando días y noches a tu lado
En una casa en la que todo sea nuestro
Maravillado de tu cara en la mañana
Prendado de tu risa a mis tontás
Rendido al contoneo de tu cuerpo
Enamorado de cada centímetro de tu alma
Sabiendo que hasta el tiempo tó lo dice
Insistiendo en cada una de nuestras ideas
Esperando que el destino nos sonría
Mientras brindamos con chupitos y alegrías
Prefiero nuestras idas y venidas
Riendo, riendo, riendo, riendo al verte
Espectacular, como SIEMPRE
Incluyéndote a ti en ella
Es imposible no recordarte, no pensarte
Me resulta complicado olvidar tus ojos
Pretender no ver tu sonrisa
Revolverme en la lucha que tengo
Enfrentarme a la realidad de no verte
Seguir día a día sin verte
Intentando sonreír a gente que ni me importa
Ensayando poses que me hagan parecer humano
Manejando los tiempos para no caer al suelo
Pidiendo a cualquier dios un fin a esto
Rezando para que vuelvas
Elevando plegarias para verte, una vez más
Soñando con soñar contigo
Imaginando días y noches a tu lado
En una casa en la que todo sea nuestro
Maravillado de tu cara en la mañana
Prendado de tu risa a mis tontás
Rendido al contoneo de tu cuerpo
Enamorado de cada centímetro de tu alma
Sabiendo que hasta el tiempo tó lo dice
Insistiendo en cada una de nuestras ideas
Esperando que el destino nos sonría
Mientras brindamos con chupitos y alegrías
Prefiero nuestras idas y venidas
Riendo, riendo, riendo, riendo al verte
Espectacular, como SIEMPRE
domingo, 2 de octubre de 2016
Los Poemas Perdidos Sin Rima: El Tiempo Lo Dirá
Es una sensación extraña
La de ver todo a oscuras.
Todo tras un filtro negro.
Incluso duelen los ojos.
Empezar a acostumbrarse a esto,
Meditar sobre la importancia de la luz,
Perderle el miedo,
Otear el horizonte con las manos.
Lanzarse sin pensar a una piscina,
Olvidar las leyes de la gravedad,
Discernir qué está bien y qué mal.
Inventar el mundo sin verlo,
Respirar un nuevo aire,
Aprender a quererte sin verte, sólo el tiempo lo dirá...
La de ver todo a oscuras.
Todo tras un filtro negro.
Incluso duelen los ojos.
Empezar a acostumbrarse a esto,
Meditar sobre la importancia de la luz,
Perderle el miedo,
Otear el horizonte con las manos.
Lanzarse sin pensar a una piscina,
Olvidar las leyes de la gravedad,
Discernir qué está bien y qué mal.
Inventar el mundo sin verlo,
Respirar un nuevo aire,
Aprender a quererte sin verte, sólo el tiempo lo dirá...
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