"Una mujer me quitó el corazón, pero no mató mi talento, quitándole la pila al reloj nunca matarás al tiempo" Xhelazz
Ese es el mantra de esta semana, no dejarse hundir, no volver atrás ni para coger impulso y no rendirse ni con el último aliento. Siempre, y de eso estoy seguro, se puede salir del agujero más hondo en el que, por mala suerte, te haya tocado estar... Cabeza arriba, manos firmes, dientes apretados y a escalar...
martes, 29 de octubre de 2013
jueves, 17 de octubre de 2013
La Leyenda Del Día Lluvioso
Salí a la calle, por supuesto llovía,
así que me calé la capucha, encendí el mp3 y me puse a andar. Había mucha gente
en las ventanas mirando tristes a la calle. Este tiempo jode a cualquiera. Subí
hasta el centro y parecía una ciudad fantasma. Anduve casi un kilómetro yo
solo. La gente con la que me cruzaba era gris, literalmente. Caras grises, en
cuerpos grises, embutidos en vidas grises, mientras andaban como zombies.
Llegué a la plaza del ayuntamiento.
Aceras desconchadas, piedras en el medio, paredes manchadas con absurdas
firmas. Subí el volumen. Decidí cambiar el paso mientras la música intentaba
transportarme a otro lugar. Y lo consiguió. De pronto me vi camino de dónde
quería ir. Sabía que no era lo que necesitaba pero mi cerebro y mi corazón me empujaban
hacia allí. Bajando hasta el barrio los coches pasaban volando, salpicando agua
hacia las aceras. Estaba empapado, pero una extraña fuerza y convicción me
empujaba hacia abajo. Crucé la calle, saltando de charco en charco. Y, de
pronto, levanté la cabeza y vi su casa. Algo crujió dentro de mí, como si se
rompiera.
No debería estar ahí. Tarde, pero me
di cuenta que no era mi sitio.
Y menos, cuando, en la ventana, estaba
ella apoyada. Me acerqué, sabiendo que no pasaría nada. Estábamos apenas a unos
metros y cruzamos las miradas. En la mía había espera, desconfianza, amor,
odio, una mezcla de sensaciones muy dura. En la suya sólo indiferencia. Incluso
me atrevería a decir que sonreía, inmune a mi reacción. Me giré y volví sobre
mis pasos.
Todo se había acabado y al fin me
había dado cuenta. Quería darme otra oportunidad para pensar que podía ser todo
como en mi cabeza. Pero no.
Entonces lo tuve claro. Sabía lo que
tenía que hacer. Una extraña sonrisa de convicción afloró a mi rostro. Tenía
que hacerlo rápido. No pensar. No poder echarme atrás en ningún momento. Corrí
hacia el puente y antes de darme cuenta, estaba de pie en el resquicio, mirando
hacia abajo.
Ya estaba, esa era la solución. La
única manera de que todo terminase. La única manera de que mi alma dejase de
doler. La única manera de que TODO dejase de doler. Me dejé caer, sonriendo al
recordar que era 13 de septiembre, cuando todo había empezado.
Se cerraba el círculo. Todo terminaba
cuando había empezado. Sé que antes de tocar el suelo ya había muerto, pero al
fin era feliz.
domingo, 25 de agosto de 2013
La Risa...
Estaba viendo El Retrato de Dorian Gray, una buena peli en la que salen Ben Barnes, Colin Firth y Ben Chaplin. La historia viene siendo la de un joven inglés de la época victoriana que vuelve de los Estados Unidos a Londres. Allí se encuentra con un pintor, Basil Hallward (Ben Chaplin), que, enamorado de la imagen del joven Dorian Gray, decide pintarle un retrato. Éste queda tan bien que Dorian, encantado con el resultado, dice que vendería su alma al Diablo por mantener esa imagen y que el cuadro envejeciese por él. Además conoce a Lord Henry Wotton (Colin Firth), que lo lleva por una vida en busca del placer propio, cosa que luego se verá reflejada en su cuadro.
Pero no voy a escribir un post hablando de la película, que no siendo una joya, está muy bien. Tampoco voy a hablar del hedonismo de Dorian o Lord Henry, que me encanta, y creo que es una filosofía de vida muy aceptable y que me encantaría poder llevar a cabo, aún sabiendo que es muy difícil, por no decir imposible, mantener un tren de vida así. De lo que quiero hablar es de una frase que escuché en la película y que es, quizá, una de las mejores maneras que se me puede ocurrir de definir cómo me gustaría terminar cualquier relación de amistad, pero una en particular, si es que al final, ésta acaba muriendo, como parece.
"La risa no es una mala forma de comenzar una amistad y es, con mucho, la mejor forma de concluirla". Oscar Wilde.
Siempre he intentado que la gente que me rodea disfrute de la vida, esforzándome por hacerles reír, escucharlos, verles con una sonrisa en la cara. Creo que soy, modestamente, una persona graciosa, ingeniosa e imaginativa y de la más mínima cosa puedo conseguir sacar algo positivo.
En su caso siempre recuerdo eso. Intentar sacarle una sonrisa. Desde el primer día. Desde aquella tarde-noche, los dos de pie, hablando tímidamente ella al principio, y luego, apenas dos horas después, como si nos conociésemos desde hacía tiempo.
Y las noches de juerga, y los momentos de paseos, incluso los segundos de despedida o de saludo, siempre riéndonos, siempre intentando que las cosas negativas lo fuesen un poco menos.
Hasta esa caída en barrena, culpa de ambos, esos meses para mí de oscuridad, para ella, creo, de introspección.
Volver a hablar, volver a vernos, volver a quedar, y por mucho que se oigan palabras, los hechos enseñan otra cosa. Y es difícil, al menos para mi, no estar recordando todos aquellos grandiosos momentos, todas esas risas cómplices, todas esas carcajadas, aquella frase de "siempre consigues sacarme una sonrisa en los peores momentos" que siempre me encantó. Y, quizá esté divagando y mi mente conspiranoica vea cosas que en realidad no existen, pero veo que todo va hacia abajo y me dolería que una amistad como ésta se acabase convirtiendo en un "Hola y Adiós", algo frío, que ninguno de los dos se merecería.
Por eso al escuchar esa frase, mi cabeza empezó a dar vueltas, pensando ésto. Si algún día todo se acaba, querría acabar con la imagen de su cara sonriendo. Eso sería un buen recuerdo de una de las mejores historias que he tenido el placer de vivir.
Pero no voy a escribir un post hablando de la película, que no siendo una joya, está muy bien. Tampoco voy a hablar del hedonismo de Dorian o Lord Henry, que me encanta, y creo que es una filosofía de vida muy aceptable y que me encantaría poder llevar a cabo, aún sabiendo que es muy difícil, por no decir imposible, mantener un tren de vida así. De lo que quiero hablar es de una frase que escuché en la película y que es, quizá, una de las mejores maneras que se me puede ocurrir de definir cómo me gustaría terminar cualquier relación de amistad, pero una en particular, si es que al final, ésta acaba muriendo, como parece.
"La risa no es una mala forma de comenzar una amistad y es, con mucho, la mejor forma de concluirla". Oscar Wilde.
Siempre he intentado que la gente que me rodea disfrute de la vida, esforzándome por hacerles reír, escucharlos, verles con una sonrisa en la cara. Creo que soy, modestamente, una persona graciosa, ingeniosa e imaginativa y de la más mínima cosa puedo conseguir sacar algo positivo.
En su caso siempre recuerdo eso. Intentar sacarle una sonrisa. Desde el primer día. Desde aquella tarde-noche, los dos de pie, hablando tímidamente ella al principio, y luego, apenas dos horas después, como si nos conociésemos desde hacía tiempo.
Y las noches de juerga, y los momentos de paseos, incluso los segundos de despedida o de saludo, siempre riéndonos, siempre intentando que las cosas negativas lo fuesen un poco menos.
Hasta esa caída en barrena, culpa de ambos, esos meses para mí de oscuridad, para ella, creo, de introspección.
Volver a hablar, volver a vernos, volver a quedar, y por mucho que se oigan palabras, los hechos enseñan otra cosa. Y es difícil, al menos para mi, no estar recordando todos aquellos grandiosos momentos, todas esas risas cómplices, todas esas carcajadas, aquella frase de "siempre consigues sacarme una sonrisa en los peores momentos" que siempre me encantó. Y, quizá esté divagando y mi mente conspiranoica vea cosas que en realidad no existen, pero veo que todo va hacia abajo y me dolería que una amistad como ésta se acabase convirtiendo en un "Hola y Adiós", algo frío, que ninguno de los dos se merecería.
Por eso al escuchar esa frase, mi cabeza empezó a dar vueltas, pensando ésto. Si algún día todo se acaba, querría acabar con la imagen de su cara sonriendo. Eso sería un buen recuerdo de una de las mejores historias que he tenido el placer de vivir.
lunes, 19 de agosto de 2013
Ella dijo que fue un sueño...
Salió de entre los escombros, sacudiéndose el polvo. La luz del día lo cegó un poco; los nervios lo cegaron del todo. No encontraba a nadie.
Se movió entre las piedras, intentando salir de aquel infierno, pero los ojos, llenos de lágrimas, le proporcionaban una visión borrosa.
Se los frotó y enfocó.´Allí estaba, como una sombra lejana, como una estatua, perfecta pero fría, quizá esperándole, quizá sólo esperando.
Saltó entre los bloques, y, aunque las piernas tardaron en responderle, se obligó a correr, su cuerpo gritaba de dolor, pero él continuó.
Teniéndola allí, apenas a cuatro pasos, después de todo lo que había sufrido, le parecía un regalo de un dios en el que no creía. Y lo quería.
Cuando llegó a su lado, el vestido blanco y la sonrisa de ella le deslumbraron un poco, y le hicieron caer de rodillas, resoplando del esfuerzo.
"Salgamos de aquí", dijo él "Vayámonos dónde nadie juzgue ni diga nada", era prácticamente un ruego para ella. "Contéstame, sólo pido eso".
Ella bajó la cabeza, sonriendo y su aura multiplicó el brillo que emitía. Estiró la mano y con un leve gesto, acarició la cara del chico.
"Sólo es un sueño, amor mío" La imagen de ella estalló en un chorro de luz mientras él se despertaba sobresaltado y sudoroso en la cama.
El sol filtrándose por la ventana y el despertador marcando las 7:30 le convencieron de que lo había soñado y que nunca volvería a verla.
Se movió entre las piedras, intentando salir de aquel infierno, pero los ojos, llenos de lágrimas, le proporcionaban una visión borrosa.
Se los frotó y enfocó.´Allí estaba, como una sombra lejana, como una estatua, perfecta pero fría, quizá esperándole, quizá sólo esperando.
Saltó entre los bloques, y, aunque las piernas tardaron en responderle, se obligó a correr, su cuerpo gritaba de dolor, pero él continuó.
Teniéndola allí, apenas a cuatro pasos, después de todo lo que había sufrido, le parecía un regalo de un dios en el que no creía. Y lo quería.
Cuando llegó a su lado, el vestido blanco y la sonrisa de ella le deslumbraron un poco, y le hicieron caer de rodillas, resoplando del esfuerzo.
"Salgamos de aquí", dijo él "Vayámonos dónde nadie juzgue ni diga nada", era prácticamente un ruego para ella. "Contéstame, sólo pido eso".
Ella bajó la cabeza, sonriendo y su aura multiplicó el brillo que emitía. Estiró la mano y con un leve gesto, acarició la cara del chico.
"Sólo es un sueño, amor mío" La imagen de ella estalló en un chorro de luz mientras él se despertaba sobresaltado y sudoroso en la cama.
El sol filtrándose por la ventana y el despertador marcando las 7:30 le convencieron de que lo había soñado y que nunca volvería a verla.
lunes, 5 de agosto de 2013
Recuerdos
Recuerdo el primer día que la vi, la primera vez que la escuché, incluso la primera vez que hablamos. Recuerdo cuando cogimos confianza y las tardes y noches hablando. Recuerdo ir a buscarla a casa y caminar, charlando sobre lo divino y lo humano. Recuerdo aquellas conversaciones sin necesidad de abrir la boca y la cara que ponía cuando yo ponía en palabras lo que ella pensaba. Recuerdo el día que me hice su tatoo, cómo ella eligió la letra y el sitio en dónde colocarlo. Recuerdo noches hablando hasta las 6 de la mañana y también mañanas en mi casa, intentando salir de baches. Recuerdo su cara cuando, sin motivo, sólo por gusto, le regalaba algo que le gustaba, era la definición de la ilusión... Recuerdo mi foto preferida, ella preciosa en primer plano y yo detrás, con cara de pillo, abrazado a su cintura. Recuerdo su sonrisa miedosa cuando me contó algo que le ilusiona pero le asusta. Recuerdo su último beso, su último abrazo y su última frase.
Espero seguir recordándola durante mucho tiempo. Al menos toda mi vida.
Espero seguir recordándola durante mucho tiempo. Al menos toda mi vida.
martes, 30 de julio de 2013
La Leyenda...
Entró en el hotel levantándose las gafas de sol y caminando, provocando que las miradas de todos los presentes se clavasen en aquellas torneadas piernas que terminaban en un ceñido vestido negro.
Al llegar, sonrió, y sin palabras, cogió la llave de su habitación, la habitación número 13 que ya le tendía el recepcionista, que, embobado, balbuceó un "Bienvenida".
Sabiéndose la protagonista de aquellos minutos se acercó al ascensor, se colocó el pelo con la mano izquierda mientras marcaba el número del piso en el que su habitación se encontraba.
El silencio y la oscuridad del pasillo la asustó un poco, pero pronto volvió a ser ella misma y se dirigió hacia la puerta. Metió la llave lentamente, recordando todas las veces que había entrado en aquella habitación y todo lo que en ella había vivido.
Encendió la luz, dejó el pequeño neceser apoyado en aquella moqueta roja, y fue hacia el cuarto de baño a remojarse un poco la cara: el viaje había sido largo y estaba algo cansada.
De pronto la puerta de la habitación se abrió y ella ahogó un grito. Con el corazón en la boca, salió y en el suelo, al lado de la entrada, encontró tres cosas:
Una botella de champagne, un anillo con su inicial y una nota escueta, en la que había una sola frase: "Te he echado de menos".
Una sonrisa se dibujó en su rostro, mientras la leía, recordando aquel beso...
Al llegar, sonrió, y sin palabras, cogió la llave de su habitación, la habitación número 13 que ya le tendía el recepcionista, que, embobado, balbuceó un "Bienvenida".
Sabiéndose la protagonista de aquellos minutos se acercó al ascensor, se colocó el pelo con la mano izquierda mientras marcaba el número del piso en el que su habitación se encontraba.
El silencio y la oscuridad del pasillo la asustó un poco, pero pronto volvió a ser ella misma y se dirigió hacia la puerta. Metió la llave lentamente, recordando todas las veces que había entrado en aquella habitación y todo lo que en ella había vivido.
Encendió la luz, dejó el pequeño neceser apoyado en aquella moqueta roja, y fue hacia el cuarto de baño a remojarse un poco la cara: el viaje había sido largo y estaba algo cansada.
De pronto la puerta de la habitación se abrió y ella ahogó un grito. Con el corazón en la boca, salió y en el suelo, al lado de la entrada, encontró tres cosas:
Una botella de champagne, un anillo con su inicial y una nota escueta, en la que había una sola frase: "Te he echado de menos".
Una sonrisa se dibujó en su rostro, mientras la leía, recordando aquel beso...
martes, 23 de julio de 2013
Nunca Hubiera Funcionado...
- Lo nuestro nunca hubiera funcionado...
- Intenta convencerte a ti misma...
Todos hemos pensado esto, millones de veces, cuando alguien nos ha dado una negativa. Pero en cierto modo es una gran mentira, claro que hubiese funcionado. Cuando dos personas llegan al punto en el que una de ellas tiene que auto-convencerse de que no debe estar con la otra, es que algo falla. Cuando con una mirada se dice todo, incluso lo malo, cuando sólo hace falta una palabra por cada lado para que el otro esté mejor y más tranquilo, cuando un gesto, un guiño, una caricia, un abrazo dicen más que mil declaraciones del mejor de los poetas, sigues sin pensar que hubiera funcionado, es que algo falla... Quizá no te convenga, o no sea la mejor persona con la que una buena chica debería estar, pero eso no quita que hubiese funcionado... Hubiese funcionado a la perfección... Lástima que jamás lo vayas a comprender...
- Intenta convencerte a ti misma...
Todos hemos pensado esto, millones de veces, cuando alguien nos ha dado una negativa. Pero en cierto modo es una gran mentira, claro que hubiese funcionado. Cuando dos personas llegan al punto en el que una de ellas tiene que auto-convencerse de que no debe estar con la otra, es que algo falla. Cuando con una mirada se dice todo, incluso lo malo, cuando sólo hace falta una palabra por cada lado para que el otro esté mejor y más tranquilo, cuando un gesto, un guiño, una caricia, un abrazo dicen más que mil declaraciones del mejor de los poetas, sigues sin pensar que hubiera funcionado, es que algo falla... Quizá no te convenga, o no sea la mejor persona con la que una buena chica debería estar, pero eso no quita que hubiese funcionado... Hubiese funcionado a la perfección... Lástima que jamás lo vayas a comprender...
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