lunes, 16 de febrero de 2015

Has Cambiado

-Has cambiado -le dijo mientras veían una película tumbados cada uno en un sofá.
Le miró.
"No, colega. No he cambiado. No he cambiado un carajo siquiera. Lo que he hecho es adaptarme. Alguien de mi edad no puede cambiar de forma de ser. Si eso, puedo relajar algunas maneras o acentuar otras de manera que pueda mezclarme con el resto del pueblo sin necesidad de estar justificándome. Pero no me jodas que he cambiado. ¿En qué?. ¿En que ya no contesto buscando el pie de apoyo a la gente que me toca los huevos? ¿En que prefiero contar hasta diez antes de soltar lo primero que pienso a la gente que quiero, porque sé que eso me puede apartar de ellos? Eso no es cambiar. Sigo pensando lo mismo. Ahora sólo mido mis palabras y mis reacciones. Pero como sigas tocándome los cojones, volveré a ser el de antes y te pegaré dos berridos que se te caerán los pelos del bigote ese de hipster que te has dejado...", pensó mirándolo.
-Sí...- se giró y estiró el brazo- Pásame las palomitas, tronco...

Cada vez que pienso en ti...

A veces pienso en ti y siento una punzada en lo más profundo.
Eso son los problemas que surgen cuando no acabas de conocerte a ti mismo.
He perdido los cinco sentidos, aunque a veces tengo el momento de lucidez de un gilipollas.
Ese momento en el que sé que tengo que dejarte a un lado, que vueles sola.
Pero no sé seguir solo, no sé caminar sin tenerte como meta y eso confunde al más pintado.
Y en ese momento, cuando veo que te alejas, es cuando me dejo caer al suelo y ruego que, por fin, me des la puntilla y que sea rápida e indolora.
Tras pasar ese dolor sé que podría volver a estar aliviado, en calma...
Volvería a estar bien, a estar tranquilo, tal y como lo estaba cuando apareciste.
Pero en ese momento es cuando me pregunto por qué no salio bien aquello...
No tengo muy claro qué significa pensar eso a estas alturas,
Y sé que tú tampoco podrías explicármelo,
Pero tengo muy claro que no quiero volver a hacerte daño.
Y por eso, cuando veo que te alejas, me dejo caer al suelo, y ruego que, por fin, me des la puntilla y que sea rápida e indolora...

miércoles, 11 de febrero de 2015

Camino de ( )Oz

El cielo empezó a oscurecerse, y a pesar de ser Febrero, eso no era típico de un lugar como Valencia, en el que siempre hacia sol y calor.
Nuria se asomó a la ventana. Los árboles ululaban con fuerza y se veía la ropa moverse indiscriminadamente en el tendal de los vecinos.
- Menudo temporal- pensó ella- Debería de echarme una siesta... Total, hoy no hace día de hacer nada...
Abrió la cama, y se echó cuando el viento empezó a batir con fuerza las ventanas, pero le dio igual, cerró los ojos y cayó profundamente dormida.
Al despertar miró el reloj de la mesilla, pero solo había ceros.
- Es imposible, no he dormido tanto tiempo...
Se levantó y abrió las ventanas, y cuál fue su sorpresa al no ver nada de lo que esperaba. No estaban las casas de sus vecinos. No estaba el semáforo que siempre se saltaba cuando tenía ganas de llegar a casa después de trabajar. Y una multitud de enanos se agolpaban en la puerta, entre sorprendidos y asustados.
Nuria, que era una chica intrépida, decidió salir a la calle a ver qué era lo que pasaba. Se desperezó y salió por la puerta. Y allí, justo allí, en el portal encontró unos preciosos zapatos de tacón negro.
- Ya sería mucha suerte que fueran de mi talla- y sí, eran de su talla, así que se los puso. La estilizaban y pegaban mucho con los vaqueros que llevaba puestos- Oye, para un par de fiestas bien me valen...
Tras ponérselos fue hacia donde estaban aquellos enanos. Se dio cuenta que era una mala idea según vio sus caras. Todos la miraban con odio.
- ¡A por ella! Ha matado a la Benigna Bruja de Levante...- gritaron al unísono.
- ¿Que yo he hecho qué?- preguntó sorprendida.
- Mira lo que hay debajo de tu "preciosa" casa, hechicera- dijo uno de los enanos, que tenía una voz extrañamente parecida a la de Constantino Romero cuando dobló a Darth Vader.
Justo debajo de la ventana de su habitación se veían unas piernas con unas medias de rejilla negras.
- "No acabo de estar segura que en realidad fuese una Bruja... Esas medias..."- pensó mientras se reía de su ocurrencia. Pero claro, los enanos la perseguían, así que miró buscando una escapatoria. Allí había un camino con baldosas negras, y, al parecer, era el único por el que no llegaban cientos y cientos de enanos persiguiéndola.
Corrió y corrió hasta que los perdió de vista. Cuando levantó la cabeza se vio en un frondoso bosque, un bosque típicamente gallego, apestaba a eucalipto y todo lo que rodeaba, excepto aquel camino de baldosas azabache, era de distintos tipos de verde. Le encantaba el color verde, por lo que se quedó unos minutos extasiada, disfrutando de todo lo que sus ojos, del mismo color que lo que observaba, eran capaces de abarcar.
Pero pronto sintió hambre. Vio un manzano repleto de verdes frutos y decidió coger uno.
- Eh, eh, eh, chica, quieta...- oyó una voz metálica que venía de detrás de uno de los árboles.
- ¿Quién eres, y lo más importante, detrás de qué árbol estás?
- Detrás del eucalipto...
- Buff, con eso me solucionas mucho- contestó con ironía- Esto está lleno...
- Joder, sigue la voz, que tampoco es tan complicado- la voz metálica sonaba enfadada.
Nuria se acercó hacia donde creía que estaba aquel hombre y de pronto lo vio. Era un espantapájaros, pero no el típico que ella había visto, de paja. No. Era un espantapájaros de latón. La ropa era igual que la de uno normal, incluso tenia un sombrero de campo, pero era de latón. Y parecía oxidado.
- Ostiá- soltó ella.
- Genial, meses sin hablar con nadie y lo primero que suelta la princesita de los zapatos es "Ostiá"...
- Perdona...
- Bah- dijo con desidia- ¿Quién eres y qué haces por aquí? Casi nadie viene por estos bosques...
- Me llamo Nuria, y si te soy sincera, no tengo ni la más remota idea de qué coño hago aquí... Estaba en Valencia, pegándome una siesta después de trabajar, cuando de pronto aparecí aqui y unos enanos locos gritaban que me había cargado a no se qué bruja buena de Levante... La verdad es que estoy flipando...
- Joder, mira que me he encontrado con gente rara, pero créeme que tú te llevas la palma, niña...
- Oye, Brad Pitt de latón, mucho ojito con llamarme niña, ¿eh?
- Bueno, aprovechando que estás aquí, ¿me podrías hacer un favor?- intentó suavizar el tono, y sería mala suerte que para una persona que pasaba por aquel camino, se enfadase y se largase- Estoy un poco oxidado, ¿podrías pasarme aquel tubo de aceite que está ahí, en el suelo?- señaló con la mirada- Normalmente lo tengo en la mano, pero el otro día un cuervo cabrón al que asusté, pegó un picotazo a mi mano y me lo tiró al suelo, y como comprenderás- se miró a si mismo- estoy enganchado a un palo y de aquí uno no se puede bajar. Y créeme, necesito echarme algo de aceite, ya me cuesta hasta parpadear...- intentó guiñar un ojo y sonó un quejido herrumbroso al bajar el párpado.
- ¿Este?- dijo cogiéndolo, mientras aquel espantapájaros asentía- Pero está vacío...
- Joder, joder, joder, joder... Pues la gasolinera más cercana está al final de esta carretera... ¿Tú hacia dónde vas?
- Pues la verdad, no lo sé... En un principio entré en este bosque huyendo de los enanos, pero no sé... A mi casa no puedo volver, y tampoco sé dónde estoy...
- Umm, cerca de la gasolinera hay una estación de autobuses, a lo mejor puedes volver a tu ciudad desde allí... ¿Me ayudas a bajar de aquí y te guío?
Nuria sopesó las posibilidades que tenía: No conocía el sitio en el que estaba y aquel raro espantapájaros parecía conocer la zona. Decidió darle una oportunidad, aunque algo gruñón, creía que era un buen tipo.
- Está bien- se acercó, lo agarró de la cintura, sorprendida de lo poco que pesaba y lo dejó en el suelo.
- Gracias... Nuria era, ¿verdad?- la chica asintió- Yo me llamo Leo- levantó el brazo con un chirrido y se chocaron las cinco- Buah, qué gusto da poder desentumecer un poco los miembros... ¿Tú tenías hambre, ¿verdad?
- Pues un poco, no me dejaste coger las manzanas...
- No te preocupes... Pilla todo lo que quieras, el cabrón de Méndez, el dueño de esta granja no veas lo que tarda en pagarme cada mes, y para colmo no me trajo un bote de aceite nuevo, así que este mes, me lo voy a cobrar en especias... Mete todas las manzanas que puedas aquí en mi barriga y pilla esa cesta, que no veas lo larguito que es el camino...- Nuria llenó la barriga de su nuevo amigo y la cesta mientras comía- Por cierto, no tendrás un mechero, ¿verdad?- dijo sacando un paquete de tabaco- Es que no encuentro el mío... Porque mira, yo comer, no como, no me hace falta, soy de latón, pero fumo como un carretero... Y llevo todo el día sin un triste pitillo que echarme al buche. ¿Quieres?
- Está bien...- se sentaron en un tronco y fumaron tranquilamente, en silencio.
- Bueno, habrá que ponerse en marcha...
Llevaban ya una media hora caminando: Nuria hablaba de su vida en Valencia y Leo le contaba cómo era aquello, o al menos lo que él veía por aquel camino prácticamente intransitado.
De pronto, vieron algo alucinante. Una tienda de magdalenas. Los dos corrieron hacia ella. La chica podría comer algo que no fueran manzanas y el espantapájaros, pensaba que allí al menos habría algo de aceite.
- Un sitio en el que se hace comida, siempre tiene aceite- gritó entusiasmado.
Llegaron a la puerta, pero no se abría. Estaba bloqueada. Sólo se oía un ruido parecido a alguien luchando por respirar.
- ¿Podríais dejar de pisarme, por favor?- dijo una voz justo debajo de sus pies. Los dos dieron un salto atrás, sorprendidos, cuando una especie de alfombra de esparto se levantaba tosiendo- Deberíais de fijaros más por dónde andáis...- se puso de pie y vio un agujero a la altura de su estómago- Genial, y para colmo tus tacones me han hecho un agujero en el traje... Y es mi traje bueno... Con este iba a ir a pedir un crédito para volver a abrir la tienda de magdalenas, y de paso al cerrajero, que no encuentro la llave de la puerta, por eso estaba durmiendo en la puerta... Y ahora, gracias a ti, también tengo que ir al sastre...- dijo mirando a Nuria, que asistía a toda esta perorata sorprendida, con los ojos como platos- ¿Vais a la ciudad, no?- "Ahá"- Os acompaño... Además allí vive una alfombra árabe de la que tengo el teléfono, y ya sabéis dónde se guarda el polvo, ¿no?- guiñó un ojo, pícaro.
Nuria pensaba en que si todo esto era un sueño, era, sin dudarlo, el más raro que había tenido nunca, pero hacía frío, y tenía hambre, y eso no se nota en los sueños.
Siguieron el camino, mientras el hombre de esparto, que a todo esto se llamaba Emilio, les contaba sus aventuras en los zocos de Marrakech, sus viajes por Estambul y una época en la que, después de haber sentado cabeza, vivió en las playas de Malibú con una mujer de esparto...
- Eh... ¿Oís eso?- se notaba un zumbido, como de helicópteros por encima de aquel frondoso bosque- En serio, ¿lo oís?- preguntó Emilio.
De repente, de la nada, decenas de enanos armados con bastones, cayeron de entre los árboles y los rodearon... Teo se zafó de un par de ellos con un par de golpes de brazo, pero cada vez se notaba más oxidado, y le costaba más golpearlos; Nuria clavaba sus preciosos tacones en los ojos de los que le atacaban, pero el pobre hombre de esparto sufría intentando defenderse de los arañazos y golpes que los enanos daban en su querido traje de esparto.
Un rugido ensordecedor dejó a todo el mundo helado, buscando de dónde venía.
Casi sin que se dieran cuenta, una pequeña sombra marrón iba rajando las gargantas de los enanos, que caían sorprendidos, sin saber muy bien qué era lo que estaba acabando con ellos.
Ni diez minutos habían pasado cuando un pequeño koala les guiñó un ojo...
- Hey, ¿qué tal?- su voz sonaba tranquila, como la de un cantante de reagge en plena inspiración- No aguanto peleas en mi zona del bosque... ¿Qué se le pierde a una morena preciosa, a un espantapájaros de latón oxidado y a una alfombra de esp...?
- UN- puntualizó Emilio- UN alfombra de esparto...
- Da igual, hermano, ¿qué hacéis por aquí?
- Yo ando buscando una parada de buses para volver a casa, Leo busca aceite para sus articulaciones y Emilio, bueno, Emilio tiene muchas cosas que hacer en la ciudad...
- Umm, ¿así de favor podríais llevarme hasta allí? Pago yo tu billete, su aceite y el traje... Es que tengo que ir a coger "bambú", ya me entendéis, jejeje... Es que soy un koala... Ya sabéis que a los koalas eso de andar como que no... A todo esto, que creo que no lo he dicho... Me llamo Karlos...
Un par de horas después llegaban a la ciudad, y tras comprar el aceite, arreglar el traje, pasar por el cerrajero, llegaron a la estación de autobuses.
Allí todos se despidieron de Nuria, deseándole suerte en la búsqueda de su ciudad natal.
Ella, tras caérsele un par de lagrimillas, porque no le gustaban las despedidas, se subió al autobus. Los asientos eran extremadamente cómodos y, lo último que vio, antes de caer rendida de sueño, fue un cartel de tráfico en el que ponía: "FOZ".

La alarma de su reloj empezó a sonar y Nuria se despertó sobresaltada. Miró a su alrededor. Estaba en su casa.
- Joder, qué sueño más raro...- dijo acercándose a la ventana y abriéndola. Allí estaban otra vez las ropas de sus vecinos ondeadas por el viento, el semáforo en rojo, como siempre y la calle todavía mojada tras el chaparrón, pero de nuevo soleada.
Sonrió, recordando aquel sueño, había sido bonito y gracioso, cuando de pronto vio algo tirado en el suelo.
Unos zapatos de tacón negro y una tarjetita.
Se agachó y leyó la nota:
"Nuria, gracias por el viaje, 
esperemos que hayas llegado bien, 
te queremos, 
siempre tuyos, 
Leo, Emilio, Karlos

lunes, 5 de enero de 2015

Una foto de familia

-  El niño pegaba a su madre, no le hacía ni caso al padre, tenía a todos sus parientes asustados. Pero la foto de familia era preciosa.
- La familia de ella no lo aguantaba, para la de él, ella era un grano en el culo, el niño estaba consentido por todos. Pero la foto de familia era preciosa.

- Él se tiraba a todo lo que se movía, ella también, el odio entre ellos era palpable. Pero la foto de familia era preciosa.

sábado, 3 de enero de 2015

Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:
No es que este año haya sido especialmente bueno, pero tampoco especialmente malo, y joder, son 32 años, así que un poquito ya me conocéis, ¿no?
Este año para mi no pido nada, no me lo soléis traer, así que pedir "pa ná" es tontería, por lo que esta vez voy a pediros cosas para mis colegas.
Para mi hermana Noe pido un año tranquilito, que su suegro se recupere y que saque tiempo para poder pasarse unos días por aquí, que la echo mucho de menos, aunque sería la leche que os portaseis y le trajeseis una plaza del ejército aquí en Galicia, eso os lo agradecería mucho. También me gustaría que a su pequeñaja me la cuidaseis muy bien y que crezca grande y tan simpática como siempre, y a Javi, que siga exactamente igual, con lo grande y guay que es...
Para Menchu, tranquilidad, vacaciones, descanso y sobre todo un reloj bueno jajaaja Ah, y una mantita para mi casa, cuando estemos viendo una peli en medio de este frío polar que nos asola...
A Iris, que siga haciendo magia con una cámara de fotos y que de cuando en cuando me acompañe con una pizza delante y horas y horas de risas y buena música...
A Brunete y a Eugenia un bodorrio por todo lo alto, aunque eso sería más un regalo para mi, que me flipan las bodas.
A Samu, que el siguiente enano venga genial y se parezca a él, que eso significará que otro gran hombre andará por este mundo, lo que sería de agradecer.
A Tatiana más aventuras, más fiestas, más curro, más amor, más de cualquier cosa que quiera...
A Pablo y a Lucía mucho curro, mucha tranquilidad, dinero a espuertas, viajes, y que se dejen ver más por dónde yo ando, que también les echo mucho de menos...
A Yaiza traedle un poco más de esa fuerza que tiene, un poco de paciencia zen, y mantenedle esa convicción y esa visión del mundo, y mucha tranquilidad y menos visitias a sitios incómodos.. Y mucha tranquilidad para ella y su pequeñaja...
A Santi, y al resto del grupo, conciertos, muchas rimas, muchas maquetas, y mucha diversión...
Para Carol no puedo pedir otra cosa que no sean libros, y que como a Irys, sigan escribiendo tan bien como lo hacen...
A Saray todas las buenas vibraciones que necesite, todo el apoyo y todo lo que ella necesite, que para algo es mi hermanita pequeña preferida...
A Laura, a Patricia y a los que os gusta lo que escribo, además de que todo os vaya genial que siempre saquéis un poco de tiempo para poder leer y que os saque un sonrisa, que eso sería un gran regalo para mi...
A Aitor, casi mejor que le traigáis la República, que eso seguro que le encanta.
Y a mi querida María... ¿Qué podría pedir para ella? Que el bichito siga creciendo tan bien cómo está, que el trabajo no le falte y que pronto esté al volante de un coche... También pediría que siguiese, cada vez más, sacando esa sonrisa que me encanta y que este año, si no os importa, fuese el mejor año de su vida... Aunque eso también sería un regalo para mi, que me encanta verla así...
Bueno, ya veis que este año paso del egoísmo de pedir cosas para mi, (eso sí, si me dejáis inspiración para seguir escribiendo, os lo agradecería mucho)
Espero que os portéis y traigáis a mi gente lo que os he pedido
Atte:
Karlos

domingo, 21 de diciembre de 2014

Poor Crazy Boy

"¿Pero qué cojones quieres que piense, tío?" dijo levantándose de la mesa, procurando contenerse. "No puede pasar lo mismo una, y otra, y otra, y otra, y otra vez... ¿Tú sabes cómo me siento ahora mismo? Lo único que me apetece es llegar y pedirle explicaciones, y no moverme de allí hasta que me las dé..." Se llevó las manos a la cabeza y bajó aún más el tono. "¿Me explicas qué coño es lo que tengo que hacer?"
"Siéntate y relájate, anda" contestó apartándole la silla e invitándolo a sentarse. "Bien, vas allí, te plantas en el portal, esperas, aparece y entonces ¿qué pasa? ¿Que sólo con verte va a recular de todo lo que piensa o lo que ha dicho? ¿Que así, por arte de birli birloque vais a volver a retomar todo como si nada hubiera pasado? Esa no es la actitud. No puedes pretender que de golpe y porrazo y sin ningún movimiento por tu parte, sin un acto de contrición, todo cambie, porque no es así... Deja de quejarte, échale un par de huevos y ve a pedirle perdón de verdad... Y no esperes contestación, sólo pide perdón y vete... Si te perdona, te lo hará saber, créeme..."
Toda la gente del bar lo miraba asustada. Allí estaba, un chico de 20 años, con todo el futuro por delante, discutiendo consigo mismo, una suerte de Smeagol bien parecido, un pobre niño loco que ya jamás recuperaría la cordura.

lunes, 3 de noviembre de 2014

La Cabina

Fuera llovía, a mares, él cogió su móvil. "Sin batería", observó, maldiciendo entre dientes. Estaba al lado de su casa, pero lo que quería decirle sabía que le costaría más cara a cara, y aunque había reunido el valor suficiente para decírselo, en el fondo era un cobarde.
A lo lejos, quizá a unos 50 metros, vio una antigua cabina de teléfonos, y rezó porque siguiese funcionando. Esquivando los charcos y algunos coches que aceleraban a su paso, llegó hasta allí y marcó su número.
Un tono.
Dos tonos.
Tres tonos.
¿Sí?- su voz sonaba cálida pese al frío que reinaba en el ambiente.
Sé que todos te dirán lo que tienes que hacer, pero también que eres mayorcita como para saber que a día de hoy no hay nadie que sienta por ti lo mismo que yo.
Sé que es difícil luchar contra el qué dirán, y que tú estás hecha un lío, pero también que eres lo suficientemente lista para saber que no cambiaré lo que siento por ti de un día para otro, y menos ahora.
Y menos después de recorrer juntos tantos caminos complicados, llenos de curvas, desvíos y piedras, de caminar a oscuras por laberintos en los que ninguno conseguía encontrar la salida... 
Sabes que querría decirte muchísimas cosas, pero no sé cómo... Y los dos sabemos que quizás tú seas la única a la que pueda querer, y la verdad, tú eres la única por la que intentaría cambiar...
Esperó unos segundos, escuchando sollozos entrecortados al otro lado del teléfono, hasta que éste se colgó.
Desolado, echó un último vistazo al portal de aquella chica y empezó a andar, con los cascos puestos, mientras dos hermanos británicos pedían que "tu corazón dejase de llorar". No había llegado siquiera al cruce del parque cuando notó una mano que le agarraba de la camiseta.
Allí estaba ella. En pijama. Mojada de la cabeza a los pies. Sonriendo.
-Volvamos a casa.