viernes, 30 de diciembre de 2016

Como cuando...

Al pasar por la carretera de vuelta a casa, siempre se me gira el cuello hacia la zona aquella en la que vivías.
(Sí, lo sé, es algo peligroso. La mirada siempre fija en la carretera y las manos agarradas al volante. Nada de distracciones.)
Siempre, es una manía, miro hacia aquel edificio.
Y me pregunto si seguirás allí.
¿Cuántos años han pasado: ocho, nueve, puede que más, verdad? Porque hace unos siete que yo me fui.
Me tuve que ir, esta ciudad agobiaba, siempre decías que era muy pequeña para cualquiera de los dos. El límite era el cielo, ¿recuerdas?
Y ahora al volver, ver tu calle, tu casa, te echo de menos.
Como cuando vives fuera y añoras el mar.
Como cuando creces y añoras la ilusión de la Navidad.
Como cuando nos queríamos y nos despedimos.
Un par de veces estuve en un tris de no contarla,
¿Sabes? Me he lanzado sin red a todo lo que creía que podía ser bueno, o por lo que tenía curiosidad. Recuerdo que siempre me decían, desde pequeñito, que no fuese tan rápido, que no quisiese llegar antes que los demás, que no fuese el primero en probar la profundidad del río.
Y ahora me vuelvo a ver aquí. Hasta juraría que te he visto en la ventana, fumando, con los brazos apoyados en el quicio, sonriéndome y a punto de preguntarme "qué horas son estas de llegar" a buscarte.
Pero no, no estás.
Quizás sean las horas de viaje o el ver de nuevo esas ventanas lo que hace que vuelvas a mi mente.
Y aparco. Y aprieto fuerte la mano contra el volante. Y me pregunto por qué ostias he vuelto. Pero sé la respuesta. Como siempre, he vuelto por ti. Ni todos estos años han conseguido que te evapores de mi recuerdo.
Y lo mejor es que ni tú estás. Ni yo llegué a irme del todo de aquí.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

¿Otra vez, Doctora?

Llegó y se encontró a aquel chico, solo, sentado en una mesa, colocando cartas en un completo azar en un tapete mohoso y roído y se acercó a él.
- Soy la doctora López. Eres Karlos, ¿verdad?
Él levantó la vista y sonrió casi imperceptiblemente con la parte izquierda de su labio mientras asentía, tirando otra carta encima de aquel montón.
- Estoy aquí para ayudarte, ¿te tratan bien, estás contento con tus compañeros?
- Sí, doctora, aquí todos hemos cojeado alguna vez. Sólo hay que fijarse en cuál es el pie problemático de cada uno.- seguía sin levantar la cabeza del mazo, mientras una tras otra las cartas seguían cayendo.- Pero eso usted lo sabe bien, ¿verdad?
Tragó saliva, intentando aparentar una tranquilidad que en ese momento se iba escapando a demasiada velocidad, mientras se colocaba el pelo detrás de la oreja y leía el informe de su nuevo paciente:
"Karlos Goday, 34 años, ingresado tras un brote psicótico. Había intentado quemar un edificio entero una mañana sin que, tras investigaciones sobre su pasado, mediase ninguna acción en su contra".
Lo miró. Era bajito, no llegaba al 1´65. Debilucho. Delgado. Pero algo la hizo desconfiar. Quizá sería esa mirada, o la forma de sonreír. Algo estaba claro que iba mal en el cerebro de aquel chico que tenía delante.
- Sólo llevas una semana aquí, y por orden judicial. ¿Crees que es dónde deberías estar?
- Claro que es dónde debo estar. Intenté quemar un edificio con toda la gente dentro- dijo en tono jovial, mientras recogía las cartas y las barajaba.- Me pregunto por qué le extraña tanto...- clavó sus ojos en ella.
- No tenías antecedentes penales anteriores, ni arrebatos de ira, ni medicación que pudiese provocar esos brotes. Los informes dicen que jamás ni con tu familia ni con tu grupo de amigos habías estallado de manera violenta. Me han asignado tu caso y llevo unos días estudiándolo a fondo. Quiero comprender por qué lo has hecho. Aquí nunca has dado un problema. Tomas tu medicación, haces la tareas que te encomiendan, incluso tienes una buena relación con otros pacientes de este ala. No alcanzo a entender qué fue lo que te pasó por la cabeza para hacerlo.
- Es simple, doctora López. ¿Ve a Santiago, el que está sentado viendo la tele? Triple asesinato. Su mujer y sus dos hijos. ¿Alberto, el que está ayudando al celador a recoger el armario que se rompió esta mañana? Mató a su jefe y hasta ese momento era el empleado modelo. Y su mujer y la niña fuera.
Todos somos personas normales hasta que tenemos la oportunidad, doctora...- empezó de nuevo a colocar las cartas en el tapete- Hasta usted. Sólo hay que encontrar su aguja de marear.
- No, Karlos. Yo estudié la carrera y estoy aquí intentando ayudaros a todos vosotros.
- ¿Está segura?- sus ojos se volvieron a clavar fijos en ella- Mire a Alberto- la doctora giró hacia dónde el chico señalaba- Nómbrele a su mujer, pero por si acaso vaya pidiendo una inyección de calmantes antes. Cualquiera de nosotros somos el ejemplo perfecto de "el hombre es malo por naturaleza" como diría Hobbes. Una cerilla puesta cerca de la mecha y PUM, el petardo estalla. Parece mentira que usted no sepa que tomando un café en el Starbucks puede servirle el próximo Ted Bundy, o que aquella dependienta tan maja de H&M sea la nueva Charles Manson. Usted, como todos, también tiene una mecha. ¿Quién es Andrea, doctora?- sonrió mirándola.
- ¿Cómo conoces a Andrea?- preguntó asustada.
Un torbellino de imágenes aparecieron repentinamente y la marearon. Apretó dos dedos contra sus ojos, para intentar calmar un poco esa sensación de vértigo que le invadía y tras abrirlos de nuevo, todo había cambiado.
Un señor con bata blanca y barba estaba delante de ella.
- Clorpomazina para ésta, está teniendo un ataque...
Notó un pinchazo en el brazo y todo se hizo oscuro.
..
Horas después estaban en el comedor. Era el único momento en el que internos e internas podían estar juntos.
Un chico se sentó enfrente de ella, haciendo juegos de manos con un mazo de cartas.
- ¿Otra vez has sido doctora?

sábado, 15 de octubre de 2016

El Espejo

"No debí hacerlo", le dijo, "Eso de hundirme en un agujero que yo cavé y del que todavía tengo tierra en las uñas... Eso es bien, pero bien...", sonrió, "Pero sin malas decisiones, ¿cómo sabes cuáles son las buenas? Aunque con las mías se podría hacer un museo de los despropósitos en el que yo estaría en la puerta como el Maestro de Ceremonias de un circo dándoles la bienvenida a mi absurda vida a los visitantes", hizo una reverencia entre aspavientos, invitándola a entrar a una inexistente puerta circense, "¡Pasen y vean al inimitable hombre de las mil cagadas!", ella sonrió, "He sido la oveja descarriada, el chico del humor negro y los gustos raros, nada de lo que hacía estaba bien pero, y aquí viene el meollo de la cuestión, a mi me gustaba cómo era y lo que hacía, así que seguí adelante, aún sabiendo que esa manera de ser me iba a cerrar muuuuchas puertas, pero eh, mírame, aquí sigo y de una pieza" se señaló de arriba a abajo, "Por eso me revienta el alma el verte con esa cara, esa sonrisa pintada y ya no te quiero contar cuando te oigo definirte... Parece talmente que tengas una venda puesta en los ojos." Se tapó los suyos con las manos, "Pero mira" se los destapó, " ¡es fácil! Inténtalo", ella lo hizo entre risas, "¿Ves? Te lo dije... Y ahora dime, ¿no notas los colores de las cosas?" Asintió, "¿no ves que hay cosas más allá de tó lo negro que tú te empeñas en ver? Sólo te pido que mires atrás y veas lo que has logrado, ¿eso lo haría alguien que no vale? Si estoy seguro que la mitad de las veces tu cansancio se debe a las tres millones de vueltas que le das a la cabeza" se levantó y giró sobre si mismo, "mira, sólo tres vueltas y ya voy como los patos mareaos" ella soltó una carcajada, queda, pero carcajada al fin y al cabo "Sabes que no quiero que pases por lo mismo que pasé yo, así que respira hondo, levanta la cabeza, vamos a tomarnos un cubata a la salud de los envidiosos, y al que no le guste tiene dos problemas: el no gustarle, (que ya hay que ser malaje para que no te guste ver a la gente bien, también te digo)" guiñó un ojo, "y el vernos sonreír porque, colega, tengo el bolsillo lleno de billetes y tenemos todo el tiempo del mundo para nosotros... Y recuerda una cosa, anda, te lo pido por favor, sólo tienes que hacer feliz a una persona, a esa que te sonríe ahí" señaló un espejo que tenían a la izquierda, " y oye, yo conozco a esa tía y si te fías de mi criterio, esa niña es jodidamente perfecta"

sábado, 8 de octubre de 2016

Los Poemas Perdidos Sin Rima: Que La Fuerza Te Acompañe

Querida
Un día te diste cuenta de tu poder
Ese que te hace especial

Líneas y líneas caen a tu paso
A un gesto solamente

Flipante es verlo, de veras
Un caer de ojos, una sonrisa
Es para pillar palomitas durante el show
Rastros de babas masculinas marcan tu camino
Zascas se llevan tras tu indiferencia
Artes de seducción, las llamo yo

Tendrías que impartir clases, y lo sabes
En esa universidad tienes cátedra perpétua

Amigos, enemigos, rehenes casuales
Cualquiera cae en tus redes
Oh, princesa de una galaxia muy, muy lejana
Mientras tú sonríes pícara
Poderes poderosos en tu mano tienes
A dónde quieras los llevas
uÑa y carne se muerden los pobres al verte
Eres la heredera de la fuerza y que siempre te acompañe!!

martes, 4 de octubre de 2016

Los Poemas Perdidos Sin Rima: Siempre

Solo entiendo la vida de una manera
Incluyéndote a ti en ella
Es imposible no recordarte, no pensarte
Me resulta complicado olvidar tus ojos
Pretender no ver tu sonrisa
Revolverme en la lucha que tengo
Enfrentarme a la realidad de no verte

Seguir día a día sin verte
Intentando sonreír a gente que ni me importa
Ensayando poses que me hagan parecer humano
Manejando los tiempos para no caer al suelo
Pidiendo a cualquier dios un fin a esto
Rezando para que vuelvas
Elevando plegarias para verte, una vez más

Soñando con soñar contigo
Imaginando días y noches a tu lado
En una casa en la que todo sea nuestro
Maravillado de tu cara en la mañana
Prendado de tu risa a mis tontás
Rendido al contoneo de tu cuerpo
Enamorado de cada centímetro de tu alma

Sabiendo que hasta el tiempo tó lo dice
Insistiendo en cada una de nuestras ideas
Esperando que el destino nos sonría
Mientras brindamos con chupitos y alegrías
Prefiero nuestras idas y venidas
Riendo, riendo, riendo, riendo al verte
Espectacular, como SIEMPRE

domingo, 2 de octubre de 2016

Los Poemas Perdidos Sin Rima: El Tiempo Lo Dirá

Es una sensación extraña
La de ver todo a oscuras.

Todo tras un filtro negro.
Incluso duelen los ojos.
Empezar a acostumbrarse a esto,
Meditar sobre la importancia de la luz,
Perderle el miedo,
Otear el horizonte con las manos.

Lanzarse sin pensar a una piscina,
Olvidar las leyes de la gravedad,

Discernir qué está bien  y qué mal.
Inventar el mundo sin verlo,
Respirar un nuevo aire,
Aprender a quererte sin verte, sólo el tiempo lo dirá...

lunes, 19 de septiembre de 2016

Almas

Estaba haciendo el desayuno cuando ella llegó a la cocina.
- Tenemos que hablar- dijo sin levantar la vista de la taza en la que vertía la leche, metiéndola luego en el microondas- Tranqui, sólo es un ratito, ¿quiéres un café?- preguntó sonriendo mientras ella asentía, cogiendo una silla y apoyando los brazos en la mesa.
Cogió aire y, esperando el tintineo del micro, miró a través de la ventana, sabiendo que aquello sería duro, que esa conversación sería de todo menos cómoda, y preguntándose cómo cojones habían llegado a este ese punto.
- Llevamos dos años juntos y nos conocemos- guiñó un ojo- Pero ya no sé cómo decirte esto. Y no voy a empezar a echarte nada en cara, sé que lo que haces lo haces porque en esa cabecita las cosas funcionan de una manera distinta a la normal y que tienes justificación para todo. Pero no es normal que todos los días te vea llorar, o que te encierres en ti misma y no dejes entrar a nadie...
- ¿Me vas a dar otra vez el sermón sobre cómo tengo que vivir MI vida?- dijo alzando la voz y la vista, que hasta ese momento estaba fija en uno de los azulejos de la cocina- Debes estar de coña.
- Tranquila...- dijo casi en susurro, intentando apaciguar unos ánimos que ya empezaban a caldearse.
- Ni tranquila ni ostias. Es mi vida, ¿crees que a mi por un casual me gusta estar así? ¿Te crees que no intento ponerle remedio? Pero claro, es mucho más fácil ponerse condescendiente y hablar desde tu atalaya de sabio, ¿no?
- ¿Y tú sabes lo difícil que es entrar en casa y ver a alguien que quieres hundido y sin querer hacer absolutamente nada?
- ¡¡Pues claro que lo sé!! ¡¡Soy yo la que está así!! Mi curro es una mierda, esto es una mierda ¿Vida social? ¿Hemos tenido eso alguna vez? Y ahora intento que lo nuestro funcione, me vengo unos días a tu casa, y tengo que aguantar otra vez tu cantinela, haciendo como si lo supieses todo y tuvieses todas las soluciones... Y si tanto sabes y tanto arreglas, ¿por qué no ves dónde están tus fallos en vez de rebuscar tanto en los míos? ¿Has hecho caso alguna vez a lo que te decía que me jodía? ¿Has puesto atención cuándo te hablaba? NO, pero claro, consejos vendo pero para mi no tengo...- dio un largo sorbo al café y miró a la taza, mordiéndose el labio y con lágrimas de rabia en los ojos y cogió las llaves del coche- Y te reconozco que soy muy difícil de llevar, pero tú no has hecho NADA, NUNCA, por intentar que esta mierda funcione...
- ¿Y ahora te vas así?- preguntó todavía sorprendido por la explosión que acababa de contemplar- ¿No vas a decir nada para arreglar esto?
- ¿Arreglar el qué?- por primera vez en la mañana sonrió. Se había dado cuenta que él nunca vería su parte de culpa en el problema, y que es imposible describirle los colores a un ciego, pero aún lo es más describírselos a quién no quiere ver- Espero que seas feliz, de veras, pero no va a ser conmigo- fue a la habitación, metió la ropa que había desperdigada en la maleta y se dirigió a la puerta, mientras él, todavía taza en mano, la miraba pasar, absorto por lo que había ocurrido- Hasta siempre- dijo lanzando un último beso.
Arrancó el coche, bajó la ventanilla y encendió la radio: unos frailes cantaban acerca de cómo salvar un alma, y ella, sonriendo de nuevo, pensó, que al menos ese día, un alma había sido salvada, la suya.