martes, 14 de junio de 2016

¿Cómo estás, peque?



Hacía mucho que no se veían, los dos estaban muy ocupados y casi no tenían apenas tiempo para verse, por lo que decidió hacerle una visita sorpresa.

Llegó a la casa, subió en el ascensor y al llegar a la entrada de su piso escuchó música.

Sonrió. Seguía siendo el mismo de siempre, con la música alta.

Metió la llave y entró.

- ¡Hola!- dijo con voz cantarina, mientras andaba por el pasillo camino a la sala de la que venía la música.

Al entrar lo vio sentado en la silla, y con la cabeza tumbada sobre la mesa.

Con una botella de vodka y un bote de pastillas al lado.

Corrió hacia él gritando su nombre.

Parecía que no respiraba.

Llamó a una ambulancia, que apareció casi al instante. Cuando pusieron el cuerpo en la camilla, se encontró un papel con algo escrito:

"¿Cómo va todo peque?

¿Qué tal va todo?

Sé que estás ocupadísima,

pero joder, se te ve genial.

Ni siquiera las obras de arte

brillan la mitad que tú, de veras...

¿Cómo llevas todo eso de no vernos?

¿El estar tan lejos ya a pesar de estar tan cerca?

Sabes que estaré siempre a tu lado,

que sólo necesitas cerrar los ojos

y recordar nuestra canción...

Quizá ahora las cosas son más difíciles

pero créeme que antes o después,

ya nada tendrá la importancia que le das.

Todo irá bien, te doy mi palabra,

al final lo conseguirás...

Tengo tantas cosas que quiero decirte

que no me salen las palabras,

agredecerte todo lo que me quieres

y lo que haces por mi...

Que ni los kilómetros, ni el tiempo

pueden hacer que deje de querer estar a tu lado,

Que siempre habrá aviones, o coches que nos lle en a cumplir nuestros sueños

por mucha gente que dude y se ría,

es una promesa y me conoces,

sabes que siempre las cumplo

porque sin tí, el mundo sería mucho peor.

Y sé que ya no somos lo que éramos,

que ya ha pasado muchísimo tiempo

pero que siempre lo que haga será por ti"

Hizo una bola y lo tiró mientras seguía a los técnicos de emergencias...

- Menos mal que me quieres y quieres que cumplamos nuestros sueños, mientras te metes pastillas con alcohol- pensó mientras dos lágrimas, mezcla de impotencia y rabia hacia su amigo, caían por su mejilla.

martes, 24 de mayo de 2016

Arenas Movedizas

Cada día prefiero alejarme un poco más de todo.
Vivir en mi mundo, sin ninguna obstrucción ajena a él.
Y sé que eso jamás fue una opción buena para la salud mental de un humano medio.
Pero estoy tan jodidamente deprimido que no veo dónde puede estar la salida de todo esto. ¿Conoces esa pesadilla que trata sobre intentar escapar de arenas movedizas, esa que en la que cuánto más corres, esperando salvarte, más rápido te hundes? Pues yo estoy quieto, hundiéndome lentamente pero sin un ápice de ganas de salir (mi alma pesimista me dice que en cuánto salga, habrá otras arenas más movedizas esperando mi próximo paso).
Y sí, he sido fuerte, me he caído y me he recuperado de los golpes que la vida te da, he aprendido lecciones, y toda esa verborrea que se le dice a la gente que pasa por un mal momento.
En cambio ahora no veo esa razón, ese click cerebral que hace que todo cambie.
Ya ni me apetece escribir, ni me apetece crear ideas nuevas, nuevos personajes, nuevas risas... y lo peor es que no tengo ni la más remota idea de cómo coño he llegado hasta este punto.
Esto que ahora escribo es como un vómito, un intento de sacar toda la mierda acumulada durante meses en negro sobre blanco.
Necesito encontrar motivaciones nuevas, algo que me haga cambiar este odio que sube por mi garganta como un escupitajo por el buen rollo que siempre tuve y que me haga dejar de autocompadecerme diciendo "Pobre de mi", mientras con la camiseta del pijama y en calcetines cambio de canal mecánicamente, sin pararme a ver si hay algo interesante.
Y sé que cuando quiero soy bueno haciendo lo que me propongo, muy bueno, me atrevería a decir.
Y por eso me sigo alejando un poco más de todo, porque nadie es capaz de ponerse en mi lugar.

Un Paso Atrás

Dí un paso atrás al verlos.
Desde el principio vi que aquello no iba a ser de color de rosa.
Podía ver que pese a las fotos en las que parecía todo perfecto se escondían muchas inseguridades y dolor.
Pero ella parecía aceptarlo.
A veces parece que Dios es bueno y benevolente, que es la suprema bondad, pero hay que recordar que también arrasó pueblos enteros y puso a prueba a muchos hombres y mujeres sólo por diversión.
Y ahora era aquel, en apariencia, perfecto hombre el que tensaba una cuerda que estaba a punto de romperse.
Y ella continuaba viéndolo con una tela en los ojos, considerándolo lo mejor de su vida.
Un hombre, que sentado, con media sonrisa pintada en los labios, veía cómo ella se derrumbaba, se partía en mil pedazos, se deshidrataba a base de lloros, mientras ella parecía encantada con todo aquello.
Ya no le quedaba voz para explicar lo que sentía.
Ya no le quedaban fuerzas para aguantar otro asalto.
Ya no podía resistir otra discusión, en la que pese a tener razón, dejaba que fuese él quien se llevase el gato al agua.
Seguía creyendo que todo podía acabar como esos cuentos que de pequeña leía, ávida de nuevas aventuras e historias, sentada en la cama, con la pequeña luz de un flexo como iluminación con la espalda pegada a la pared, imaginando un futuro lleno de finales felices, en los que ella sería la protagonista.
La realidad era diametralmente opuesta: desplantes, promesas vacías, amenazas veladas...
Y, aún así, eso le hacía sentir que él todavía la quería porque seguía a su lado. Eso era la felicidad para ella.
Hasta que un día intentó correr pero una especie de fuerza gravitatoria hacía que siguiese girando a su alrededor, un "contigo porque me matas, un sin ti porque me muero".
Tenía que liberarse, convertir toda esa fuerza negativa en algo fatuo, en humo que pudiese atravesar para alcanzar la felicidad,
Y se levantó un día, llorando. Llorando como nunca lo había hecho antes. Sabiendo que quizá había perdido algunos de sus mejores años en una espiral. E intentó salir.
Yo sólo dí otro paso al verlos, de nuevo, juntos.

jueves, 7 de abril de 2016

Sube a Casa

Llegó en el momento perfecto.
Estaba en un portal, bajo el tejadillo de una casa, en una noche lluviosa y fría.
No se oía apenas nada.
Sólo una música, lenta, quizá proveniente de alguna ventana abierta, un par de pisos más arriba.
Se preguntó qué era lo que le había llevado allí.
Si realmente valía para algo o, lo más importante, para alguien.
Si como en las películas, encontraría a alguien a quién llamar hogar.
Era una puta noche fría y seguía intentando arreglar el puzzle deshecho en el que se había convertido su mente.
La única manera sería que alguien le ayudase.
Que alguien cogiese su mano para auparle de aquel frío asiento.
Daba igual de quién se tratase, sólo necesitaba una mano.
Alguien con quien estar en ese momento.
Y de pronto vio gente acercándose.
Vio caras.
Pero un rayo de esperanza apareció entre todo aquel batiburrillo en el que vivía.
Unos ojos se clavaron en los suyos.
Unos ojos que se conocían.
Unos ojos que daban calor en aquella helada noche.
Y se levantó.
Y los otros ojos se le acercaron.
Y sonrieron.
Y la voz de esos ojos le dijo: "Sube a casa, anda"




El Camino

Sé que casi nunca me salen las cosas bien, pero también que había algo que endulzaba el día: nuestras conversaciones. Y las añoro. Y busco las palabras exactas para definir lo que siento ahora mismo, y lo único que veo es una papelera llena de hojas arrugadas, con las que me creo Pau Gasol tirando desde el sofá...
A veces pienso que somos literalmente la otra cara de una misma moneda, el complemento la una para el otro, la otra para el uno y que tenemos trazado, punto por punto, el plan perfecto para el futuro.
Pero de repente, un día hay un punto, en el que no sé por qué, todo se tuerce y como Dom y Bryan cada uno toma caminos diferentes en la carretera.
Y me jode verte irte, alejarte de mi, e incluso lo veo injusto, ya que yo siempre estuve a tu lado, incluso cuando la noche duraba veinticuatro horas y no veías ninguna luz cerca.
Y ahora soy yo quién no ve nada, y me pregunto dónde coño estás. Miro por la ventanilla del coche, busco atajos para llegar hacia el punto en el que nos separamos, porque recuerdo tus "siempre estaré ahí cuando me necesites", pero no hay manera...
Y ya no tengo ni idea sobre qué camino seguir.
Ni puta idea.
Y me tiro a descansar, cerrando los ojos, y ahí estás.
Perenne.
Día a día.
Y las ganas de volver a buscarte aumentan de nuevo, cuando ya he tirado la toalla y la he recogido de la lona millones de veces. Creo que es porque tu "veneno" es demasiado fuerte y no voy a ser capaz de superar. Rectifico. No voy a querer superarlo.

domingo, 27 de marzo de 2016

Personas Magnéticas

Hay cosas que me cuesta un huevo explicar.
Y una es ese magnetismo que tienen algunas personas.
Personas que con una mirada hacen que no quieras apartarte de ella ni el más mínimo instante.
Personas que, con dos palabras, porque no hacen falta más, hacen que todo alrededor cambie.
Personas que sabes que han sufrido y que sufren, pero que nunca jamás tienen una mala palabra para la gente a la que quieren.
Personas a las que, una vez que las ves felices, sonriendo francas, no puedes olvidar esa cara y esa risa.
Personas que, a la vez que te cuidan, quieres cuidar sin condiciones, y lo quieres hacer siempre.
Siempre fui muy de admirar a ese tipo de personas magnéticas.
Siempre fui muy de admirarte. Y creo que siempre lo seré.

jueves, 24 de marzo de 2016

La Pastilla

Me veo sentado en ese portal, como siempre con música en mis cascos.
Sé que es de noche porque todo está oscuro y no se escucha ni el ruido de los grillos.
Ese extraño momento en el que ya se acabó la hora de la fiesta pero aún no empezó la hora de la vida normal, y veo que tengo una botella de algo que parece calimocho en la mano.
Y al abrir los ojos dos lágrimas calientes, como si salieran del infierno, bajan por mi cara helada, mezclándose con la escarcha de mi barba de tres días.
Y sé perfectamente qué motivo las lleva a caer a esa velocidad.
No puedo seguir así contigo. No puedo ser siempre el comodín al que recurres, no puedo ser tu anestesia, tu lugar de paz, porque mi mente acabará siendo un caos cuando resurjas.
Miro la botella, y con dos compañeras de las anteriores lágrimas de nuevo resbalando por mi cara, doy un largo trago. La garganta me rasca, el vino está caliente y la cocacola ha perdido ya todo el gas, pero sigo bebiendo y llorando.
Bebiendo y llorando.
Bebiendo.
Llorando.
Y empiezo a correr, mientras un batería marca mi ritmo de carrera, aunque a trompicones.
No quiero ir a casa.
Sólo correr, sin dirección.
Correr hasta romper del todo.
Correr hasta curarme de esa enfermedad en la que eres síntoma y cura a la vez.
Pero siempre hay algo que me llama a volver a ti, a ese punto de paz en el que vivimos ambos. Ese punto de guerra en algunos momentos. Ese punto de gloria en otros.
E intento mirar adelante, ver otras caras, otras nuevas versiones de ti, pero no, tu cara se aparece siempre, como un recordatorio de a dónde debo volver.
Paro, respiro, vomito. Algo de lucidez parece volver a mi mente.
Quiero volver a casa.
Quiero verte sonreír.
Quiero que tú seas la pastilla que cure este insomnio.