jueves, 14 de noviembre de 2013

Compañeros de piso

Hace un par de semanas y visto como está la economía no me ha quedado otra que poner un anuncio en el periódico ofreciendo una de las habitaciones libres que tengo en casa. Los que me conocéis sabéis que soy una persona bastante independiente, no me gusta tener que rendirle cuentas a nadie, ni justificarme ni nada de eso, pero circunstancia obliga y no me quedó otra. Pensé en meter a algún colega, pero me conozco y sé que no sería capaz de cobrarle una pasta por una habitación en mi casa a un amigo.
El anuncio era bastante simple: "Se ofrece habitación y derecho a cocina y agua" con la dirección y todo el rollo del precio. Contestaron varias personas, entre ellas un par de estudiantes. Mi casa está cerca de la facultad y es normal que quieran cogerse un piso por ahí, pero yo he sido estudiante (bendita época) y ni a mi me apetecen fiestas cuando a los estudiantes sí, ni a los estudiantes les apetecerá que yo un martes me plante con un par de colegas, unas cervezas, el singstar y empiece a darlo todo. Ni a los estudiantes ni a mis vecinos, todo hay que decirlo, pero ellos me la sudan, yo también aguanto sus broncas llamándose de todo o sus portazos, o a su niña de 1 año que llora más que Montserrat Caballé cuando vio la cara con la que sale en el anuncio de lotería de este año, así que, educadamente, los rechacé. También llamó una chica que quería venirse con su novio, pero como que tres son multitud, así que también le di puerta, nunca mejor dicho. Ya no tenía muchas esperanzas cuando hace un par de días, sobre las 21:00 de la noche, sonó mi móvil:
-¿Sí?
-Alquilas una habitación, ¿verdad?- me sonó divertida su voz, y yo me fijo muchísimo en esas cosas, quizá sea deformación profesional, curré de reportero una buena temporada e hice doblaje de cine, pero me dio muy buena espina.
-Sí.
-¿Te importa que me pase o vas a salir ahora?- eso me sorprendió, pero acepté- Ah, genial, estoy ahí en diez minutos.
Dicho y hecho. En 10 minutos llamó al telefonillo y subió. Mi primera impresión, a decir verdad, es que el chico se había bajado hacía esos escasos 10 minutos de una máquina del tiempo, recién llegada de los años 60: Tenía el pelo largo, más o menos por los hombros, ondulado y entre canoso y rubio. Era más o menos como yo de alto y llevaba unas pequeñas gafas de sol con los cristales tintados en violeta. Una sudadera de Bob Marley y unos pantalones caídos de una tela que no alcanzo todavía hoy a saber qué demonios es.
Me sonrió y me chocó las cinco, dándome un pequeño abrazo.
-Soy Sergio Domínguez Sequeiro, pero todo el mundo me llama Bicho, tú debes ser Karlos, claro- entró en casa, observándolo todo desde la puerta- Joder, es más grande de lo que yo creía, no te importa que tire la mochila encima del sofá, ¿verdad?- la dejó con un gesto de hombro y se repanchingó en una silla- Bueno, te cuento, soy escritor, lo acabo de dejar con mi novia de toda la vida, 10 años llevaba con la tipa esa, alucina vecina; y como comprenderás necesitaba un cambio de aires. Soy una persona de costumbres normalísimas, me gusta salir, pero soy más casero que otra cosa, me adapto a cualquier dieta que tú tengas, además sé cocinar, jejeje, casi ni te vas a dar cuenta de que estoy aquí y con que haya un enchufe y wifi yo voy que me mato... ¿Qué te parece, cumplo tus expectativas?
Tenía una verborrea cuasi hipnótica, pero me caía bien, y además tenía el dinero en la mano, lo que me venía de lujo, así que le di las llaves.
- ¿No vas a salir, verdad?- negué con la cabeza- ¿Qué te parece si invito a unas pizzas y nos vamos conociendo?
- Perfecto...- cada vez me caía mejor.
- Bueno, tengo 31 años, soy escritor de novela negra y novela gráfica, y... no sé qué más contarte... Háblame tú sobre ti, que casi ni sé cómo hablas, no me he callado desde que entré por la puerta- los dos nos reímos. 
Yo no soy mucho de hablar de mí con alguien que acabo de conocer, pero bueno, iba a ser mi compañero, así que tendría que abrirme con él antes o después. 
- Pues a ver, qué puedo decirte... Me llamo Karlos Goday, también tengo 31 años y me dedico a la publicidad, me gusta mucho la música, llevo ya casi 4 años viviendo aquí y qué quieres que te diga, con las mujeres no suelo tener mucha suerte... ¿Quieres una cerveza?- asintió y fuimos a coger un par a la nevera, cosa que aproveché para enseñarle un poco la casa.
- No te quejes de las mujeres, Karliños- le dió un sorbo- Salí con Sandra durante 10 años, tío, y créeme que la quería, más que a nada en este mundo. Mi primer libro se lo dediqué a ella, y todo lo que gané se lo dí, era mi musa, qué menos que darle su parte como inspiradora, ¿no?- sonrió tristemente- La cuidaba, la sacaba de todos los problemas, la ayudaba, la tenía mimadísima... Imagínate como llegó a ser la cosa que con el dinero que saqué, bueno y que saco con la novela gráfica, pagué la entrada de un ático dúplex y lo puse a nombre de ambos. Vivía sólo por y para ella. Y todo iba de perlas hasta que me di cuenta de que ya no notaba ese feedback que tiene que haber en las parejas, ese "yo te doy y tú me das" y sólo era yo el que remaba... ¿Viste Titanic? Pues yo era Jack y ella Rose, la subí a la tabla, y cuando yo la necesité, simplemente no cabía. Ya no cabía en su mundo. No hubo una bronca mega cósmica de ruptura, teníamos mini bronquitas de cuando en cuando, pero como buen escritor, sé cuando un personaje debe hacer un mutis, así que me puse a buscar casas en el periódico y tu anuncio me llamó la atención... Y tío, tengo que decirte una cosa, me caes muy bien, sabes escuchar, y eso es una cualidad que yo aprecio mucho. Me da que nos vamos a llevar muy bien...
La verdad es que yo pienso lo mismo, a veces es necesario escuchar las sensaciones y vivencias de otro para poder ver cómo cambiar nuestra propia perspectiva de las cosas... Lleva un par de días en casa y por ahora nos estamos compenetrando bien, cuando yo voy a currar, él limpia y viceversa, cuando él se recluye en su habitación yo me encargo de la casa, a ver cómo se tercia todo ahora que llega el fin de semana... 
Seguiré informando...

domingo, 3 de noviembre de 2013

Ellas

Siempre he tenido una suerte relativa con las mujeres. Tengo grandísimas amigas y muy mala suerte con las relaciones de pareja. Siempre me fijo en quién no debo y acabo hecho polvo por ello. Pero sigo buscando a esa persona. Aunque, a decir verdad, creo que la encontré hace muchísimos años y lo único que hago es rebuscarla en otras caras, en otros cuerpos y en otras sonrisas. Porque aunque no nos guste, o no me guste a mi en este caso, el humano busca una sensación de comodidad, de cariño y de aceptación durante toda su vida, pero nunca suele salir a la primera. 
A mi no me gusta la palabra "enamorado" ni "mi novia" y demás frases que denotan posesión o dependencia del otro. Pero he sentido ambas. La posesión que tuvieron hacia mí algunas mujeres, o la dependencia que pude sentir o pudieron sentir por mi. Es algo que intento desterrar de mi vida, pero, joder, es complicado. Nos han vendido cómo ha de ser todo desde pequeños. Normas sociales, comportamientos un poco trasnochados y arcaicos, películas Disney, en las que todo el mundo encuentra a su princesa de cuento o a su príncipe azul... 
Una cosa tiene que quedar clara. Las princesas de cuento normalmente están secuestradas, o envenenadas o cosas por el estilo. Y no por nada, pero si se mete en esos líos, ¿de verdad me conviene meterme en luchas enormes para salvarla? No lo acabo de ver, aunque no sería la primera vez que un velo tapa mis ojos y voy a cargarme molinos creyendo que son gigantes. Y en el caso contrario es exactamente igual. El príncipe azul suele estar así de azul por no respirar, por intentar pretender ser alguien que no es, amoldarse a los gustos de su princesa, para una vez conquistada, ser como era antes, como un cazador que pone los 5 sentidos en cazar a su presa, y cuando lo consigue, lo celebra tirado en el sillón de su casa con una cerveza bien fresquita en la mano. 
Para mi forma de ver, deberíamos ser más abiertos, tanto mujeres como hombres, en el tema de las relaciones. ¿Me quieres? ¿Te quiero? ¿Para qué mierda etiquetar cosas, o formalizarlas? ¿Acaso nadie recuerda que somos animales, racionales pero animales al fin y al cabo, que tenemos necesidades? Y ya no me refiero sólo a las físicas, que esas tampoco son tan difíciles de satisfacer, si no a las emocionales. A mi me encantaría que la persona con la que acabe estando sea anteriormente amiga, porque ya sabría cómo respira, qué es lo que necesita de mí, qué necesito de ella y qué clase de convivencia habremos tenido. No acabo de controlar a esa gente que con sólo ver a una persona durante una noche, empiezan a salir y ya son Blancanieves y el Príncipe de Bequelar... Entiendo o puedo comprender un flechazo, yo también me he quedado rendido al ver a una chica. Pero eso es un momento, un día, a lo sumo una semana, luego ya has de ver cómo funciona esa persona y si de verdad te conviene. 
En fin, después de semejante parrafada voy a intentar llegar a una conclusión: Creo que siempre seguiré buscando a ese amor fuerte que sentí por una chica, aunque sepa que con ella ya es imposible, todas las siguientes han ido sumando algo mejor a esa primera mujer. De la primera a la última: El cariño de la primera, la complicidad eterna de la segunda, la experiencia que me han dado el resto hasta terminar con la madurez e inteligencia emocional que he conseguido con esta última. 
Gracias.
A Todas.
Y sobre todo a ti, que nunca leerás ésto. 

martes, 29 de octubre de 2013

"Una mujer me quitó el corazón, pero no mató mi talento..."

"Una mujer me quitó el corazón, pero no mató mi talento, quitándole la pila al reloj nunca matarás al tiempo" Xhelazz 
Ese es el mantra de esta semana, no dejarse hundir, no volver atrás ni para coger impulso y no rendirse ni con el último aliento. Siempre, y de eso estoy seguro, se puede salir del agujero más hondo en el que, por mala suerte, te haya tocado estar... Cabeza arriba, manos firmes, dientes apretados y a escalar...

jueves, 17 de octubre de 2013

La Leyenda Del Día Lluvioso

Salí a la calle, por supuesto llovía, así que me calé la capucha, encendí el mp3 y me puse a andar. Había mucha gente en las ventanas mirando tristes a la calle. Este tiempo jode a cualquiera. Subí hasta el centro y parecía una ciudad fantasma. Anduve casi un kilómetro yo solo. La gente con la que me cruzaba era gris, literalmente. Caras grises, en cuerpos grises, embutidos en vidas grises, mientras andaban como zombies.
Llegué a la plaza del ayuntamiento. Aceras desconchadas, piedras en el medio, paredes manchadas con absurdas firmas. Subí el volumen. Decidí cambiar el paso mientras la música intentaba transportarme a otro lugar. Y lo consiguió. De pronto me vi camino de dónde quería ir. Sabía que no era lo que necesitaba pero mi cerebro y mi corazón me empujaban hacia allí. Bajando hasta el barrio los coches pasaban volando, salpicando agua hacia las aceras. Estaba empapado, pero una extraña fuerza y convicción me empujaba hacia abajo. Crucé la calle, saltando de charco en charco. Y, de pronto, levanté la cabeza y vi su casa. Algo crujió dentro de mí, como si se rompiera.
No debería estar ahí. Tarde, pero me di cuenta que no era mi sitio.
Y menos, cuando, en la ventana, estaba ella apoyada. Me acerqué, sabiendo que no pasaría nada. Estábamos apenas a unos metros y cruzamos las miradas. En la mía había espera, desconfianza, amor, odio, una mezcla de sensaciones muy dura. En la suya sólo indiferencia. Incluso me atrevería a decir que sonreía, inmune a mi reacción. Me giré y volví sobre mis pasos.
Todo se había acabado y al fin me había dado cuenta. Quería darme otra oportunidad para pensar que podía ser todo como en mi cabeza. Pero no.
Entonces lo tuve claro. Sabía lo que tenía que hacer. Una extraña sonrisa de convicción afloró a mi rostro. Tenía que hacerlo rápido. No pensar. No poder echarme atrás en ningún momento. Corrí hacia el puente y antes de darme cuenta, estaba de pie en el resquicio, mirando hacia abajo.
Ya estaba, esa era la solución. La única manera de que todo terminase. La única manera de que mi alma dejase de doler. La única manera de que TODO dejase de doler. Me dejé caer, sonriendo al recordar que era 13 de septiembre, cuando todo había empezado.

Se cerraba el círculo. Todo terminaba cuando había empezado. Sé que antes de tocar el suelo ya había muerto, pero al fin era feliz. 

domingo, 25 de agosto de 2013

La Risa...

Estaba viendo El Retrato de Dorian Gray, una buena peli en la que salen Ben Barnes, Colin Firth y Ben Chaplin. La historia viene siendo la de un joven inglés de la época victoriana que vuelve de los Estados Unidos a Londres. Allí se encuentra con un pintor, Basil Hallward (Ben Chaplin), que, enamorado de la imagen del joven Dorian Gray, decide pintarle un retrato. Éste queda tan bien que Dorian, encantado con el resultado, dice que vendería su alma al Diablo por mantener esa imagen y que el cuadro envejeciese por él. Además conoce a Lord Henry Wotton (Colin Firth), que lo lleva por una vida en busca del placer propio, cosa que luego se verá reflejada en su cuadro. 
Pero no voy a escribir un post hablando de la película, que no siendo una joya, está muy bien. Tampoco voy a hablar del hedonismo de Dorian o Lord Henry, que me encanta, y creo que es una filosofía de vida muy aceptable y que me encantaría poder llevar a cabo, aún sabiendo que es muy difícil, por no decir imposible, mantener un tren de vida así. De lo que quiero hablar es de una frase que escuché en la película y que es, quizá, una de las mejores maneras que se me puede ocurrir de definir cómo me gustaría terminar cualquier relación de amistad, pero una en particular, si es que al final, ésta acaba muriendo, como parece. 

"La risa no es una mala forma de comenzar una amistad y es, con mucho, la mejor forma de concluirla". Oscar Wilde.
Siempre he intentado que la gente que me rodea disfrute de la vida, esforzándome por hacerles reír, escucharlos, verles con una sonrisa en la cara. Creo que soy, modestamente, una persona graciosa, ingeniosa e imaginativa y de la más mínima cosa puedo conseguir sacar algo positivo. 
En su caso siempre recuerdo eso. Intentar sacarle una sonrisa. Desde el primer día. Desde aquella tarde-noche, los dos de pie, hablando tímidamente ella al principio, y luego, apenas dos horas después, como si nos conociésemos desde hacía tiempo. 
Y las noches de juerga, y los momentos de paseos, incluso los segundos de despedida o de saludo, siempre riéndonos, siempre intentando que las cosas negativas lo fuesen un poco menos.
Hasta esa caída en barrena, culpa de ambos, esos meses para mí de oscuridad, para ella, creo, de introspección. 
Volver a hablar, volver a vernos, volver a quedar, y por mucho que se oigan palabras, los hechos enseñan otra cosa. Y es difícil, al menos para mi, no estar recordando todos aquellos grandiosos momentos, todas esas risas cómplices, todas esas carcajadas, aquella frase de "siempre consigues sacarme una sonrisa en los peores momentos" que siempre me encantó. Y, quizá esté divagando y mi mente conspiranoica vea cosas que en realidad no existen, pero veo que todo va hacia abajo y me dolería que una amistad como ésta se acabase convirtiendo en un "Hola y Adiós", algo frío, que ninguno de los dos se merecería. 
Por eso al escuchar esa frase, mi cabeza empezó a dar vueltas, pensando ésto. Si algún día todo se acaba, querría acabar con la imagen de su cara sonriendo. Eso sería un buen recuerdo de una de las mejores historias que he tenido el placer de vivir.

lunes, 19 de agosto de 2013

Ella dijo que fue un sueño...

Salió de entre los escombros, sacudiéndose el polvo. La luz del día lo cegó un poco; los nervios lo cegaron del todo. No encontraba a nadie.
Se movió entre las piedras, intentando salir de aquel infierno, pero los ojos, llenos de lágrimas, le proporcionaban una visión borrosa.
Se los frotó y enfocó.´Allí estaba, como una sombra lejana, como una estatua, perfecta pero fría, quizá esperándole, quizá sólo esperando.
Saltó entre los bloques, y, aunque las piernas tardaron en responderle, se obligó a correr, su cuerpo gritaba de dolor, pero él continuó.
Teniéndola allí, apenas a cuatro pasos, después de todo lo que había sufrido, le parecía un regalo de un dios en el que no creía. Y lo quería.
Cuando llegó a su lado, el vestido blanco y la sonrisa de ella le deslumbraron un poco, y le hicieron caer de rodillas, resoplando del esfuerzo.
"Salgamos de aquí", dijo él "Vayámonos dónde nadie juzgue ni diga nada", era prácticamente un ruego para ella. "Contéstame, sólo pido eso".
Ella bajó la cabeza, sonriendo y su aura multiplicó el brillo que emitía. Estiró la mano y con un leve gesto, acarició la cara del chico.
"Sólo es un sueño, amor mío" La imagen de ella estalló en un chorro de luz mientras él se despertaba sobresaltado y sudoroso en la cama.
El sol filtrándose por la ventana y el despertador marcando las 7:30 le convencieron de que lo había soñado y que nunca volvería a verla.

lunes, 5 de agosto de 2013

Recuerdos

Recuerdo el primer día que la vi, la primera vez que la escuché, incluso la primera vez que hablamos. Recuerdo cuando cogimos confianza y las tardes y noches hablando. Recuerdo ir a buscarla a casa y caminar, charlando sobre lo divino y lo humano. Recuerdo aquellas conversaciones sin necesidad de abrir la boca y la cara que ponía cuando yo ponía en palabras lo que ella pensaba. Recuerdo el día que me hice su tatoo, cómo ella eligió la letra y el sitio en dónde colocarlo. Recuerdo noches hablando hasta las 6 de la mañana y también mañanas en mi casa, intentando salir de baches. Recuerdo su cara cuando, sin motivo, sólo por gusto, le regalaba algo que le gustaba, era la definición de la ilusión... Recuerdo mi foto preferida, ella preciosa en primer plano y yo detrás, con cara de pillo, abrazado a su cintura. Recuerdo su sonrisa miedosa cuando me contó algo que le ilusiona pero le asusta. Recuerdo su último beso, su último abrazo y su última frase. 
Espero seguir recordándola durante mucho tiempo. Al menos toda mi vida.