"Nunca sueño", me dijo un día, sentado en el sofá de la sala de estar de casa, con una ojeras dignas de un oso panda, "¿Me explicas de qué vale soñar? Sólo frustra. No quiero esperar algo que puede que jamás pase."
"Eso es muy triste, tío, ¿no tienes aspiraciones, no quieres ser nada el día de mañana? No me lo puedo creer... Nos conocemos desde que éramos niños, ¿te acuerdas cuando querías ser médico para ayudar a la gente?, ¿dónde ha quedado ese chaval?"
"Oh, eso tiene una respuesta facilísima: ese chaval desapareció en el momento en el que no pude estudiar por no tener dinero", respondió encendiendo un cigarro.
"Bueno, eso tiene sentido", le cogí otro para mi, "¿Y ya tampoco sueñas con Yure?", lancé la pregunta al aire, sonriendo sarcástico.
"Sabes que eso está más que acabado. Murió hace mucho, y la verdad, tiene cojones que me lo preguntes...", se levantó y fue hacia la ducha, "¿Me puedes pillar la mochila en la habitación mientras me ducho?"
"Claro tío, sin problema".
al entrar en la habitación me quedé extasiado. Encima de la cama, en un bloc abierto, había montones de láminas. Algunas con Yure dibujada de cuerpo entero, otras de sus ojos verdes, o de su sonrisa.. Había una, absolutamente espectacular, en la que ella estaba sentada en el quicio de una ventana de la casa rural que habíamos alquilado muchísimos años antes.
"No soñarás con ella" pensé mientras cogía su mochila e iba hacia el cuarto de baño, "pero no puedes quitártela de la cabeza todavía".
domingo, 15 de junio de 2014
sábado, 14 de junio de 2014
El Dolor de la Memoria
Ya casi no me acuerdo de lo que es dormir más de tres horas.
Ya casi no me acuerdo de lo que es hablar contigo tres horas
Ya casi no me acuerdo ni de tu sonrisa, ni de tus ojos, ni de nada.
Ya sólo me quedan fotos de lo que era antes de conocerte, y no me reconozco en esas imágenes, y ni me reconozco en estas letras que escribo.
Ya casi no me acuerdo de lo que es hablar contigo tres horas
Ya casi no me acuerdo ni de tu sonrisa, ni de tus ojos, ni de nada.
Ya sólo me quedan fotos de lo que era antes de conocerte, y no me reconozco en esas imágenes, y ni me reconozco en estas letras que escribo.
lunes, 9 de junio de 2014
J&H
Siempre supe que era dos personas:
Una era cariñosa, sabía escuchar, se preocupaba por el resto de la gente y, si hacía falta, se dejaba la vida por su gente
La otra era ácida, borde, fiestera y pasota, sólo quería estar bien consigo mismo y, si podía, intentaba sacarse las castañas del fuego y no preocuparse por nadie más...
Por eso su cerebro no pudo más y ahora está en un sanatorio.
La última vez que fui a verlo me dijo que acababa de escribir la novela perfecta, porque era completamente real, era lo que le pasaba a él. Decía que había escrito "La historia del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde". Me dio bastante pena, y un día, le llevé mi ejemplar de ese libro. Apareció una sonrisa de oreja a oreja en su cara, lo cogió de mis manos y con un boli, escribió algo en la primera página.
Me lo estaba dedicando el muy cachondo. Luego me lo devolvió, me dio un pequeño cachete en la cara y, guiñándome el ojo, se fue a su habitación.
"Ya sabes quién ha ganado esta batalla, ¿verdad, Karlos? Ayúdame a acabar con ésto"
Se me congeló el alma al leer esto y ver como él seguía sonriendo, haciéndole reverencias cómicas a las enfermeras, mirándolas con aquellos ojos que desbordaban acidez.
Una era cariñosa, sabía escuchar, se preocupaba por el resto de la gente y, si hacía falta, se dejaba la vida por su gente
La otra era ácida, borde, fiestera y pasota, sólo quería estar bien consigo mismo y, si podía, intentaba sacarse las castañas del fuego y no preocuparse por nadie más...
Por eso su cerebro no pudo más y ahora está en un sanatorio.
La última vez que fui a verlo me dijo que acababa de escribir la novela perfecta, porque era completamente real, era lo que le pasaba a él. Decía que había escrito "La historia del Dr. Jeckyll y Mr. Hyde". Me dio bastante pena, y un día, le llevé mi ejemplar de ese libro. Apareció una sonrisa de oreja a oreja en su cara, lo cogió de mis manos y con un boli, escribió algo en la primera página.
Me lo estaba dedicando el muy cachondo. Luego me lo devolvió, me dio un pequeño cachete en la cara y, guiñándome el ojo, se fue a su habitación.
"Ya sabes quién ha ganado esta batalla, ¿verdad, Karlos? Ayúdame a acabar con ésto"
Se me congeló el alma al leer esto y ver como él seguía sonriendo, haciéndole reverencias cómicas a las enfermeras, mirándolas con aquellos ojos que desbordaban acidez.
lunes, 2 de junio de 2014
El Beso
Anochecía. Era una noche de verano, fresca, limpia, en la que las estrellas parecían pequeños flexos colocados al azar. Se sentó en el quicio de la terraza, de espaldas a la calle y encendió un cigarro. Exhaló el humo y miró hacia el cielo, apartándose el pelo de la cara. Nada había sido fácil pero allí estaba. Contra viento y marea, paso a paso, logró lo que tiempo atrás se había propuesto. Una sonrisa de satisfacción afloró en su rostro justo antes de dar una nueva calada. Se sentía extrañamente feliz, y esa era una sensación que, desgraciadamente, a ella le duraba poco. Había tragado muchos sapos y removido mucha tierra para llegar dónde ahora estaba, por lo que cuando disfrutaba de un momento así quería exprimirlo al máximo.
Él terminó de hacer la cena y salió a avisar a su chica. Se asomó y la vio allí sentada, sonriendo, contenta y se apoyó en el marco, observándola. Se merecía todo lo que le estaba pasando ahora: su casa, su trabajo, su vida... Él se consideraba un mero espectador, un acompañamiento, una comparsa de aquella chica.
Chica que ahora lo miraba y con un gesto le pedía que se acercase.
Se acercó señalándose el pecho y mirando a un lado y a otro. "¿Yo?", parecía preguntar. "Sí, tú...", respondía ella afirmando con la cabeza.
Se acercó y apoyó sus codos en las rodillas de la chica.
Ella le acarició la cara, acercándose, mientras reía quedamente.
"Ya está la cena" dijo él en un susurro.
"Gracias" guiñó ella. Se acercó todavía más a su cara y rozó mejilla con mejilla, nariz con nariz, y labio con labio, y justo, cuando él se iba a lanzar a besarla, lo apartó con una sonrisa y, saltando alegremente tirando de su mano, preguntó "¿Hiciste el arroz?"
Él terminó de hacer la cena y salió a avisar a su chica. Se asomó y la vio allí sentada, sonriendo, contenta y se apoyó en el marco, observándola. Se merecía todo lo que le estaba pasando ahora: su casa, su trabajo, su vida... Él se consideraba un mero espectador, un acompañamiento, una comparsa de aquella chica.
Chica que ahora lo miraba y con un gesto le pedía que se acercase.
Se acercó señalándose el pecho y mirando a un lado y a otro. "¿Yo?", parecía preguntar. "Sí, tú...", respondía ella afirmando con la cabeza.
Se acercó y apoyó sus codos en las rodillas de la chica.
Ella le acarició la cara, acercándose, mientras reía quedamente.
"Ya está la cena" dijo él en un susurro.
"Gracias" guiñó ella. Se acercó todavía más a su cara y rozó mejilla con mejilla, nariz con nariz, y labio con labio, y justo, cuando él se iba a lanzar a besarla, lo apartó con una sonrisa y, saltando alegremente tirando de su mano, preguntó "¿Hiciste el arroz?"
martes, 20 de mayo de 2014
¿Sabes?
"¿Sabes? Echo mucho de menos tu sonrisa. Que me dijeras que era la única persona que te hacía sonreír, que eras mejor persona por mi, que los dos lo éramos. Echo de menos todos aquellos días contigo riéndonos, contándonos confidencias. ¿Te acuerdas aquellos paseos, aquellas tardes yendo por la ciudad adelante, a veces en silencio y otras sin parar de hablar con sólo mirarnos? Todo eso echo de menos. Ahora es imposible, lo sé. Pero necesitaba que, aunque ya no valga para nada, lo supieses."
Dejó allí la carta y se fue, con el alma destrozada en mil pedazos por no haber actuado a tiempo.
Dejó allí la carta y se fue, con el alma destrozada en mil pedazos por no haber actuado a tiempo.
sábado, 3 de mayo de 2014
Una Sonrisa de Ensueño
Se despertó porque los primeros rayos de un sol de mayo entraron por el único resquicio que permitía la ventana metalizada de su habitación. Un frío suave le recorrió el cuerpo al destaparse, pero cogió la sudadera que estaba encima de la silla, justo enfrente de la cama. Había tenido una bronca con su chica el día anterior, y ella, enfadada, se había quedado viendo la tele mientras él se acostaba. Llegó a la sala y la vio. Acuclillada en el tresillo, con la cabeza apoyada en el reposa-brazos, apenas tapada con una mantita que él le había regalado. Y sonriendo, con aquella sonrisa que, cuatro años atrás le había dedicado y por la que removió cielo y tierra para verla a menudo. No pudo más que arrodillarse enfrente de ella, besar tímidamente su mejilla y susurrar un "Perdóname". La sonrisa de ella se amplió y, abriendo sólo un ojo, le echó la lengua.
jueves, 1 de mayo de 2014
Moriría por Vos
Me contaba no hace mucho un buen amigo que andaba de paseo por el mundo adelante que no podía hacer otra cosa que echar de menos la tranquilidad de estar en casa, sabiendo que yo pienso todo lo contrario. Él cogió y se fue a Barcelona hace muchísimos años, luego a Francia, Inglaterra, Estados Unidos, estuvo en Italia...Tuvo que comerse mucha mierda trabajando en sitios por cuatro duros, sobreviviendo como podía hasta que conseguía hablar con fluidez el idioma del país en el que estaba, y sobrellevando como podía el hecho de estar separado de la gente a la que quería.
Muchas veces lo hablamos: "¿Por qué no te vas?", me preguntaba él. "Ya lo sabes", contestaba yo. "¿Y tú por qué no vuelves?", decía yo siempre. "Exactamente por lo mismo".
Apenas hace unos meses estuvo unos días en casa. Nos abrazamos con las ganas que se abrazan dos hermanos bien avenidos, o mejor, dos buenos amigos. Sabe que me gusta escribir y que llevo un diario, por lo que fue lo primero que me pidió al llegar. Le di una cerveza fría, el diario y me fui a dar una vuelta. De vez en cuando me gusta coger el coche e ir a dar una pequeña vuelta por las afueras.
Sonó mi móvil, y con un toque, contesté con el manos libres: "¿Puedes venir a casa? Necesito que vengáis..." Luego oí un ruido raro, como si algo cayese al suelo y el móvil se colgó. Frené prácticamente en seco y con un toque de volante di la vuelta, acelerando de vuelta a casa de mi amiga. "Rápido, casa de Sonsi, algo pasa, te veo allí en cinco minutos". No le di ni tiempo de responder, pero sabía que estaría allí. Cuando llegamos, prácticamente a la vez, vimos el percal. Alguien había entrado allí. No sabíamos dónde estaba, pero había alguien. Sonsi abrió la puerta en cuánto oyó que gritábamos su nombre para que nos abriese. Y ahí empezó el fin.
Sólo puede ver que un encapuchado apuntaba hacia dónde ella estaba y apenas tuve unos segundos para lanzarme en la trayectoria del disparo. Noté un mordisco en mi hombro, un mordisco ardiendo que partía mi hueso, pero no noté un agujero de salida, por lo que, como pude, me puse rápidamente de pie, esperando un nuevo disparo. Pero en vez de eso sólo oí un golpe seco, y dos gritos. El tirador estaba sangrando por el cuello, escupiendo sangre. Nuestro amigo estaba tirado en el suelo, sangrando también, pero con una sonrisa de oreja a oreja.
"¿Por qué lo has hecho?" preguntó ella.
"Pregúntale a él, ha hecho lo mismo" dijo señalándome.
Y con una sonrisa, escupió sangre y murió.
Muchas veces lo hablamos: "¿Por qué no te vas?", me preguntaba él. "Ya lo sabes", contestaba yo. "¿Y tú por qué no vuelves?", decía yo siempre. "Exactamente por lo mismo".
Apenas hace unos meses estuvo unos días en casa. Nos abrazamos con las ganas que se abrazan dos hermanos bien avenidos, o mejor, dos buenos amigos. Sabe que me gusta escribir y que llevo un diario, por lo que fue lo primero que me pidió al llegar. Le di una cerveza fría, el diario y me fui a dar una vuelta. De vez en cuando me gusta coger el coche e ir a dar una pequeña vuelta por las afueras.
Sonó mi móvil, y con un toque, contesté con el manos libres: "¿Puedes venir a casa? Necesito que vengáis..." Luego oí un ruido raro, como si algo cayese al suelo y el móvil se colgó. Frené prácticamente en seco y con un toque de volante di la vuelta, acelerando de vuelta a casa de mi amiga. "Rápido, casa de Sonsi, algo pasa, te veo allí en cinco minutos". No le di ni tiempo de responder, pero sabía que estaría allí. Cuando llegamos, prácticamente a la vez, vimos el percal. Alguien había entrado allí. No sabíamos dónde estaba, pero había alguien. Sonsi abrió la puerta en cuánto oyó que gritábamos su nombre para que nos abriese. Y ahí empezó el fin.
Sólo puede ver que un encapuchado apuntaba hacia dónde ella estaba y apenas tuve unos segundos para lanzarme en la trayectoria del disparo. Noté un mordisco en mi hombro, un mordisco ardiendo que partía mi hueso, pero no noté un agujero de salida, por lo que, como pude, me puse rápidamente de pie, esperando un nuevo disparo. Pero en vez de eso sólo oí un golpe seco, y dos gritos. El tirador estaba sangrando por el cuello, escupiendo sangre. Nuestro amigo estaba tirado en el suelo, sangrando también, pero con una sonrisa de oreja a oreja.
"¿Por qué lo has hecho?" preguntó ella.
"Pregúntale a él, ha hecho lo mismo" dijo señalándome.
Y con una sonrisa, escupió sangre y murió.
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