domingo, 25 de agosto de 2013

La Risa...

Estaba viendo El Retrato de Dorian Gray, una buena peli en la que salen Ben Barnes, Colin Firth y Ben Chaplin. La historia viene siendo la de un joven inglés de la época victoriana que vuelve de los Estados Unidos a Londres. Allí se encuentra con un pintor, Basil Hallward (Ben Chaplin), que, enamorado de la imagen del joven Dorian Gray, decide pintarle un retrato. Éste queda tan bien que Dorian, encantado con el resultado, dice que vendería su alma al Diablo por mantener esa imagen y que el cuadro envejeciese por él. Además conoce a Lord Henry Wotton (Colin Firth), que lo lleva por una vida en busca del placer propio, cosa que luego se verá reflejada en su cuadro. 
Pero no voy a escribir un post hablando de la película, que no siendo una joya, está muy bien. Tampoco voy a hablar del hedonismo de Dorian o Lord Henry, que me encanta, y creo que es una filosofía de vida muy aceptable y que me encantaría poder llevar a cabo, aún sabiendo que es muy difícil, por no decir imposible, mantener un tren de vida así. De lo que quiero hablar es de una frase que escuché en la película y que es, quizá, una de las mejores maneras que se me puede ocurrir de definir cómo me gustaría terminar cualquier relación de amistad, pero una en particular, si es que al final, ésta acaba muriendo, como parece. 

"La risa no es una mala forma de comenzar una amistad y es, con mucho, la mejor forma de concluirla". Oscar Wilde.
Siempre he intentado que la gente que me rodea disfrute de la vida, esforzándome por hacerles reír, escucharlos, verles con una sonrisa en la cara. Creo que soy, modestamente, una persona graciosa, ingeniosa e imaginativa y de la más mínima cosa puedo conseguir sacar algo positivo. 
En su caso siempre recuerdo eso. Intentar sacarle una sonrisa. Desde el primer día. Desde aquella tarde-noche, los dos de pie, hablando tímidamente ella al principio, y luego, apenas dos horas después, como si nos conociésemos desde hacía tiempo. 
Y las noches de juerga, y los momentos de paseos, incluso los segundos de despedida o de saludo, siempre riéndonos, siempre intentando que las cosas negativas lo fuesen un poco menos.
Hasta esa caída en barrena, culpa de ambos, esos meses para mí de oscuridad, para ella, creo, de introspección. 
Volver a hablar, volver a vernos, volver a quedar, y por mucho que se oigan palabras, los hechos enseñan otra cosa. Y es difícil, al menos para mi, no estar recordando todos aquellos grandiosos momentos, todas esas risas cómplices, todas esas carcajadas, aquella frase de "siempre consigues sacarme una sonrisa en los peores momentos" que siempre me encantó. Y, quizá esté divagando y mi mente conspiranoica vea cosas que en realidad no existen, pero veo que todo va hacia abajo y me dolería que una amistad como ésta se acabase convirtiendo en un "Hola y Adiós", algo frío, que ninguno de los dos se merecería. 
Por eso al escuchar esa frase, mi cabeza empezó a dar vueltas, pensando ésto. Si algún día todo se acaba, querría acabar con la imagen de su cara sonriendo. Eso sería un buen recuerdo de una de las mejores historias que he tenido el placer de vivir.

lunes, 19 de agosto de 2013

Ella dijo que fue un sueño...

Salió de entre los escombros, sacudiéndose el polvo. La luz del día lo cegó un poco; los nervios lo cegaron del todo. No encontraba a nadie.
Se movió entre las piedras, intentando salir de aquel infierno, pero los ojos, llenos de lágrimas, le proporcionaban una visión borrosa.
Se los frotó y enfocó.´Allí estaba, como una sombra lejana, como una estatua, perfecta pero fría, quizá esperándole, quizá sólo esperando.
Saltó entre los bloques, y, aunque las piernas tardaron en responderle, se obligó a correr, su cuerpo gritaba de dolor, pero él continuó.
Teniéndola allí, apenas a cuatro pasos, después de todo lo que había sufrido, le parecía un regalo de un dios en el que no creía. Y lo quería.
Cuando llegó a su lado, el vestido blanco y la sonrisa de ella le deslumbraron un poco, y le hicieron caer de rodillas, resoplando del esfuerzo.
"Salgamos de aquí", dijo él "Vayámonos dónde nadie juzgue ni diga nada", era prácticamente un ruego para ella. "Contéstame, sólo pido eso".
Ella bajó la cabeza, sonriendo y su aura multiplicó el brillo que emitía. Estiró la mano y con un leve gesto, acarició la cara del chico.
"Sólo es un sueño, amor mío" La imagen de ella estalló en un chorro de luz mientras él se despertaba sobresaltado y sudoroso en la cama.
El sol filtrándose por la ventana y el despertador marcando las 7:30 le convencieron de que lo había soñado y que nunca volvería a verla.

lunes, 5 de agosto de 2013

Recuerdos

Recuerdo el primer día que la vi, la primera vez que la escuché, incluso la primera vez que hablamos. Recuerdo cuando cogimos confianza y las tardes y noches hablando. Recuerdo ir a buscarla a casa y caminar, charlando sobre lo divino y lo humano. Recuerdo aquellas conversaciones sin necesidad de abrir la boca y la cara que ponía cuando yo ponía en palabras lo que ella pensaba. Recuerdo el día que me hice su tatoo, cómo ella eligió la letra y el sitio en dónde colocarlo. Recuerdo noches hablando hasta las 6 de la mañana y también mañanas en mi casa, intentando salir de baches. Recuerdo su cara cuando, sin motivo, sólo por gusto, le regalaba algo que le gustaba, era la definición de la ilusión... Recuerdo mi foto preferida, ella preciosa en primer plano y yo detrás, con cara de pillo, abrazado a su cintura. Recuerdo su sonrisa miedosa cuando me contó algo que le ilusiona pero le asusta. Recuerdo su último beso, su último abrazo y su última frase. 
Espero seguir recordándola durante mucho tiempo. Al menos toda mi vida.

martes, 30 de julio de 2013

La Leyenda...

Entró en el hotel levantándose las gafas de sol y caminando, provocando que las miradas de todos los presentes se clavasen en aquellas torneadas piernas que terminaban en un ceñido vestido negro.
Al llegar, sonrió, y sin palabras, cogió la llave de su habitación, la habitación número 13 que ya le tendía el recepcionista, que, embobado, balbuceó un "Bienvenida".
Sabiéndose la protagonista de aquellos minutos se acercó al ascensor, se colocó el pelo con la mano izquierda mientras  marcaba el número del piso en el que su habitación se encontraba.
El silencio y la oscuridad del pasillo la asustó un poco, pero pronto volvió a ser ella misma y se dirigió hacia la puerta. Metió la llave lentamente, recordando todas las veces que había entrado en aquella habitación y todo lo que en ella había vivido.
Encendió la luz, dejó el pequeño neceser apoyado en aquella moqueta roja, y fue hacia el cuarto de baño a remojarse un poco la cara: el viaje había sido largo y estaba algo cansada.
De pronto la puerta de la habitación se abrió y ella ahogó un grito. Con el corazón en la boca, salió y en el suelo, al lado de la entrada, encontró tres cosas:
Una botella de champagne, un anillo con su inicial y una nota escueta, en la que había una sola frase: "Te he echado de menos".
Una sonrisa se dibujó en su rostro, mientras la leía, recordando aquel beso...


martes, 23 de julio de 2013

Nunca Hubiera Funcionado...

- Lo nuestro nunca hubiera funcionado...
- Intenta convencerte a ti misma...
Todos hemos pensado esto, millones de veces, cuando alguien nos ha dado una negativa. Pero en cierto modo es una gran mentira, claro que hubiese funcionado. Cuando dos personas llegan al punto en el que una de ellas tiene que auto-convencerse de que no debe estar con la otra, es que algo falla. Cuando con una mirada se dice todo, incluso lo malo, cuando sólo hace falta una palabra por cada lado para que el otro esté mejor y más tranquilo, cuando un gesto, un guiño, una caricia, un abrazo dicen más que mil declaraciones del mejor de los poetas, sigues sin pensar que hubiera funcionado, es que algo falla... Quizá no te convenga, o no sea la mejor persona con la que una buena chica debería estar, pero eso no quita que hubiese funcionado... Hubiese funcionado a la perfección... Lástima que jamás lo vayas a comprender...

martes, 11 de junio de 2013

Convivir Para Siempre...

"No se trata de vivir para siempre Jackie, el truco es convivir con uno mismo para siempre..."
Ahora imaginaos la cavernosa voz de Keith Richars diciéndole eso a su "hijo" Johnny Depp.
Esta escena la ví, cómo no, en una de las secuelas de Piratas del Caribe, y como siempre, me ha hecho pensar.
Todos queremos ser inmortales, que todo el mundo nos recuerde, dejar algo para la posteridad. Hay gente que escribe, otros cantan, otros pintan, otros crean esculturas o edificios. El ego del ser humano puede llegar a rozar el cielo, poniéndose al nivel de los dioses (si es que éstos existen). Pero yo no lo leo así. A mi también me apasiona escribir, me gusta la música y he escrito versos que quizá merecieran ser recordados, pero esa no es mi meta. Mi meta, como bien dice el Capitán Teague, es convivir conmigo mismo.
Es difícil pensar que, en un mundo dominado por las leyes sociales en las que si no tienes un grupo, una novia, unos amigos perfectos, etc, etc, una persona solitaria pueda salir a flote. Lo que siempre tengo la sensación cuando hablo y observo a la gente que me rodea, es que todavía no se han dado cuenta de lo más obvio: TODOS y cada uno de nosotros somos UNO. Todos nos levantamos solos, aunque durmamos acompañados, sufrimos solos aunque estemos acompañados, amamos solos aunque la otra persona nos ame. A lo que me quiero referir con esto es al simple hecho que resume la frase que encabeza el post, el cuento es que hay que intentar convivir con nuestras miserias y nuestros buenos momentos, porque esos son los que nos harán madurar y enmendar y cometer errores a lo largo de nuestra vida, que por otra parte, ojalá sea finita, porque una eternidad de lucha entre el sentimiento, la razón, y las ganas egoístas de hacer las cosas podría acabar con nuestra cordura con una rapidez que nos marearía...
Dicho esto y soltada la parrafada me despido, a sus pies mis queridos (posibles, si es que alguien lee esto alguna vez) lectores.

miércoles, 8 de mayo de 2013

31 años

Todo cambia. Nos hacemos viejos (sobre todo yo) pero hay cosas que todavía permanecen: el cariño de la gente, las sonrisas y el buen rollo con algunos amigos. Hoy he visto a varios y me han felicitado casi todos. Pero una persona me ha hecho especial ilusión verla. He vuelto a ver esos ojos mirar cómo hacía tiempo que no lo hacían. He vuelto a escuchar su sonrisa y también que mantiene ese poso de sabiduría que tanto me gusta. Sigue siendo la misma persona que conocí y a la que tanto quiero, aunque haya estado una temporada bastante ausente. Pero ahí sigue, y estoy seguro de que volverá. 
A veces recordar momentos pasados al lado de una cocacola viene bien. Cogemos perspectiva y analizamos las cosas con mucha más calma. Recordamos quiénes éramos, de dónde venimos, qué nos ha llevado a estar dónde ahora estamos. Y a veces también recordar renueva la energía que necesitamos para acometer algunos cambios y para saber que no estamos solos, que siempre va a haber una mano amiga para ayudarnos a levantar y sacudirnos el polvo de la caída. Tenemos que tropezar para saber que estamos aprendiendo, tenemos que fallar para llegar a la solución idónea de las cosas, tenemos que enfadarnos para echar de menos a quién nos avisó en su momento de que no íbamos por el buen camino, y también tenemos que perdonar cuando somos nosotros los que avisamos. 
Tengo 31 años y he aprendido y reflexionado bastante sobre esto y me he dado cuenta de cómo quiero ser y con quién quiero estar, la gente a la que no quiero perder jamás en la vida. 
Y hoy los he visto.