A veces pasaba el día entero tirado en un sofá, sin más acompañamiento que el sonido de fondo de una televisión en un canal aleatorio.
Sin ganas de nada.
A veces el móvil sonaba e, instintivamente, estiraba la mano para ver quién era y qué quería la persona que llamase.
A veces era quién esperaba que fuese, y eso pintaba una sonrisa en su cara.
A veces se levantaba, dejaba que el agua le cayese por encima, que el frío de la calle refrescase su cara, que la lluvia mojase su pelo, sólo por la certeza de saber que vería una sonrisa.
A veces, una vez juntos, sólo el silencio era lo que había entre ellos, pero no un silencio incómodo, si no el silencio del que Uma habla en Pulp Fiction, ese silencio que te permite estar callado un puto minuto y que nada malo pase.
A veces, se miraban, de lejos o de cerca y toda una conversación surgía entre aquellas pupilas marrones que se observaban.
A veces, sólo a veces, él recordaba por qué siempre seguiría a su lado.
A veces, sólo a veces, ella recordaba quién era.
A veces, sólo a veces, recordaban que podían ser quienes querían ser.
domingo, 29 de marzo de 2015
jueves, 19 de febrero de 2015
Adiós (Carta de amor de un suicida)
Hola cariño,
Te escribo esto porque sé que te sorprenderás verme tirado, o colgado, o quizá con los sesos desparramados por toda la sala, que eso aún no lo he decidido.
Porque me voy a matar.
Y es por tu culpa.
Ya no sonríes. Ya no me miras. Ya no hacemos el amor. Ni recuerdo cómo sabe tu cuerpo.
¿No era más fácil haberme dicho "hasta luego" en el momento en el que decidiste que todo se había acabado que estar estirando inútilmente una relación que estaba muerta?
No sabes lo frustrante que es entrar en casa y verte en la chaiselong, con un programa cualquiera en la tele, en pijama y saludando con un gesto, sin ganas.
Sin ganas de nada.
¿Recuerdas cuando íbamos al cine, o cuando salíamos a dar un paseo, o de compras? ¿O cuando cogíamos el coche, y sin pensarlo nos pirábamos a Vigo, o a Madrid?
Joder, que todavía recuerdo tu sonrisa cuando nos liábamos la manta a la cabeza, o tu cara de ilusión cuando aparecías con un regalo para mi o cuando era yo quién lo hacía.
Y ahora...
¿Y ahora qué?
¿Qué es lo que ha pasado?
¿Por qué ha desaparecido la persona que conocí?
Pillaría una granada, me cortaría la mano con una espada, me pondría delante de una bala o me tiraría al tren, como la canción de Bruno Mars que últimamente parece que me persigue allá dónde voy, por ti. Pero tú, ahora, no harías lo mismo por mi.
Así que por eso te digo adiós. Por eso te escribo esto. Por eso quiero que lo leas y que todo lo que te quede de vida sepas que fue por tu culpa.
Te miraré con una sonrisa mientras tú sufres, aquí desde en el infierno.
Adiós cariño,
Te Quiero...
Te escribo esto porque sé que te sorprenderás verme tirado, o colgado, o quizá con los sesos desparramados por toda la sala, que eso aún no lo he decidido.
Porque me voy a matar.
Y es por tu culpa.
Ya no sonríes. Ya no me miras. Ya no hacemos el amor. Ni recuerdo cómo sabe tu cuerpo.
¿No era más fácil haberme dicho "hasta luego" en el momento en el que decidiste que todo se había acabado que estar estirando inútilmente una relación que estaba muerta?
No sabes lo frustrante que es entrar en casa y verte en la chaiselong, con un programa cualquiera en la tele, en pijama y saludando con un gesto, sin ganas.
Sin ganas de nada.
¿Recuerdas cuando íbamos al cine, o cuando salíamos a dar un paseo, o de compras? ¿O cuando cogíamos el coche, y sin pensarlo nos pirábamos a Vigo, o a Madrid?
Joder, que todavía recuerdo tu sonrisa cuando nos liábamos la manta a la cabeza, o tu cara de ilusión cuando aparecías con un regalo para mi o cuando era yo quién lo hacía.
Y ahora...
¿Y ahora qué?
¿Qué es lo que ha pasado?
¿Por qué ha desaparecido la persona que conocí?
Pillaría una granada, me cortaría la mano con una espada, me pondría delante de una bala o me tiraría al tren, como la canción de Bruno Mars que últimamente parece que me persigue allá dónde voy, por ti. Pero tú, ahora, no harías lo mismo por mi.
Así que por eso te digo adiós. Por eso te escribo esto. Por eso quiero que lo leas y que todo lo que te quede de vida sepas que fue por tu culpa.
Te miraré con una sonrisa mientras tú sufres, aquí desde en el infierno.
Adiós cariño,
Te Quiero...
martes, 17 de febrero de 2015
Muñecos de Plástico
Me hace gracia la gente que dice que es mejor tener una coraza para cubrirse de posibles ataques exteriores...
Nadie puede vivir con una coraza toda la vida.
Hasta Smaug tenía un agujero entre sus escamas.
Una coraza llega un punto en que pesa demasiado y siempre, siempre acabamos dejando que alguien entre, que alguien pueda ver las cicatrices de otras heridas, el callo en nuestra piel tras aguantar golpes y golpes, la razón de esas miradas a trasluz, desconfiando de todo aún en el mejor momento.
La solución no es una coraza. Es poder acostumbrar tanto a la mente como al corazón a convertirse en una cama elástica, en una goma que pueda tensarse hasta un tope, y que luego devuelva todo el ataque recibido a la otra parte.
La solución es, quizá, convertirnos en pequeños muñecos de plástico.

lunes, 16 de febrero de 2015
Cariño... Aquí Tienes Mi Arma
"Alguien dijo una vez que el amor es darle a alguien la capacidad de destruirte confiando en que no lo haga".
Valiente memez y a la vez valiente verdad.
Memez porque darle una pistola a alguien cargada, y con el cañón apuntando a tu cabeza, nunca jamás será una idea a tener en cuenta.
Verdad porque no existe otra manera de amar u otra clase de amor que no sea la de confiar al 100% en la persona que tienes al lado.
Y esa confianza conlleva ceder un poder, una información, unas armas a la otra persona, que, en el momento en que todo termine, puede ser utilizada en contra de uno mismo.
Pero aquí hemos venido a pasar el tiempo que tengamos de la manera más divertida posible.
¿Y qué es de la vida sin ese riesgo, sin esa adrenalina, sin esa confianza en que todo puede salir bien, sin ese currarse día a día que la persona a la que le has dado la pistola cargada nunca dispare?
"Alguien dijo una vez que el amor es darle a alguien la capacidad de destruirte confiando en que no lo haga".
Pues cariño, aquí tienes mi arma...
Infelices para siempre
"Me encantaría no tener que dormir cada noche solo", pensó mientras pasaba un brazo por la cintura de su esposa.
"Esta sensación de soledad y abandono acabará conmigo" pensó ella, apretando la mano de su marido con fuerza.
Y allí estaban los dos, durmiendo juntos, viviendo separados.
Infelices para siempre.
Has Cambiado
-Has cambiado -le dijo mientras veían una película tumbados cada uno en un sofá.
Le miró.
"No, colega. No he cambiado. No he cambiado un carajo siquiera. Lo que he hecho es adaptarme. Alguien de mi edad no puede cambiar de forma de ser. Si eso, puedo relajar algunas maneras o acentuar otras de manera que pueda mezclarme con el resto del pueblo sin necesidad de estar justificándome. Pero no me jodas que he cambiado. ¿En qué?. ¿En que ya no contesto buscando el pie de apoyo a la gente que me toca los huevos? ¿En que prefiero contar hasta diez antes de soltar lo primero que pienso a la gente que quiero, porque sé que eso me puede apartar de ellos? Eso no es cambiar. Sigo pensando lo mismo. Ahora sólo mido mis palabras y mis reacciones. Pero como sigas tocándome los cojones, volveré a ser el de antes y te pegaré dos berridos que se te caerán los pelos del bigote ese de hipster que te has dejado...", pensó mirándolo.
-Sí...- se giró y estiró el brazo- Pásame las palomitas, tronco...
Le miró.
"No, colega. No he cambiado. No he cambiado un carajo siquiera. Lo que he hecho es adaptarme. Alguien de mi edad no puede cambiar de forma de ser. Si eso, puedo relajar algunas maneras o acentuar otras de manera que pueda mezclarme con el resto del pueblo sin necesidad de estar justificándome. Pero no me jodas que he cambiado. ¿En qué?. ¿En que ya no contesto buscando el pie de apoyo a la gente que me toca los huevos? ¿En que prefiero contar hasta diez antes de soltar lo primero que pienso a la gente que quiero, porque sé que eso me puede apartar de ellos? Eso no es cambiar. Sigo pensando lo mismo. Ahora sólo mido mis palabras y mis reacciones. Pero como sigas tocándome los cojones, volveré a ser el de antes y te pegaré dos berridos que se te caerán los pelos del bigote ese de hipster que te has dejado...", pensó mirándolo.
-Sí...- se giró y estiró el brazo- Pásame las palomitas, tronco...
Cada vez que pienso en ti...
A veces pienso en ti y siento una punzada en lo más profundo.
Eso son los problemas que surgen cuando no acabas de conocerte a ti mismo.
He perdido los cinco sentidos, aunque a veces tengo el momento de lucidez de un gilipollas.
Ese momento en el que sé que tengo que dejarte a un lado, que vueles sola.
Pero no sé seguir solo, no sé caminar sin tenerte como meta y eso confunde al más pintado.
Y en ese momento, cuando veo que te alejas, es cuando me dejo caer al suelo y ruego que, por fin, me des la puntilla y que sea rápida e indolora.
Tras pasar ese dolor sé que podría volver a estar aliviado, en calma...
Volvería a estar bien, a estar tranquilo, tal y como lo estaba cuando apareciste.
Pero en ese momento es cuando me pregunto por qué no salio bien aquello...
No tengo muy claro qué significa pensar eso a estas alturas,
Y sé que tú tampoco podrías explicármelo,
Pero tengo muy claro que no quiero volver a hacerte daño.
Y por eso, cuando veo que te alejas, me dejo caer al suelo, y ruego que, por fin, me des la puntilla y que sea rápida e indolora...
Eso son los problemas que surgen cuando no acabas de conocerte a ti mismo.
He perdido los cinco sentidos, aunque a veces tengo el momento de lucidez de un gilipollas.
Ese momento en el que sé que tengo que dejarte a un lado, que vueles sola.
Pero no sé seguir solo, no sé caminar sin tenerte como meta y eso confunde al más pintado.
Y en ese momento, cuando veo que te alejas, es cuando me dejo caer al suelo y ruego que, por fin, me des la puntilla y que sea rápida e indolora.
Tras pasar ese dolor sé que podría volver a estar aliviado, en calma...
Volvería a estar bien, a estar tranquilo, tal y como lo estaba cuando apareciste.
Pero en ese momento es cuando me pregunto por qué no salio bien aquello...
No tengo muy claro qué significa pensar eso a estas alturas,
Y sé que tú tampoco podrías explicármelo,
Pero tengo muy claro que no quiero volver a hacerte daño.
Y por eso, cuando veo que te alejas, me dejo caer al suelo, y ruego que, por fin, me des la puntilla y que sea rápida e indolora...
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